viernes, 30 de octubre de 2009

No te rindas

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo,
porque yo te quiero.

Mario Benedetti.

jueves, 29 de octubre de 2009

Lo dijo... John Steinbeck

De todos los animales de la creación el hombre es el único que bebe sin tener sed, come sin tener hambre y habla sin tener nada que decir.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Cuando se trata de comunicación, todo es posible

martes, 27 de octubre de 2009

Muerte de un Miliciano



Robert Capa (1936).

lunes, 26 de octubre de 2009

Lo dijo... Richard Wiseman

No se trata solo de que las personas con éxito sean felices, sino de que las personas felices tienen más éxito.

sábado, 24 de octubre de 2009

Usa protector solar

Estatua de la Libertad (Nueva York)


miércoles, 21 de octubre de 2009

El Amor

Dijo Almitra: Háblanos del Amor.

Y él alzó la cabeza y miró a la multitud, y un silenció cayó sobre todos,
y con fuerte voz respondió:

Cuando el amor os llame, seguidlo,
aunque sus caminos sean duros y escarpados.
Y cuando sus alas os envuelvan, doblegaos a él,
aunque la espada oculta entre sus plumas pueda heriros.

Y cuando os hable, creed en él,
aunque su voz pueda desbaratar vuestros sueños así
como el viento del norte convierte al jardín en hojarasca.

Porque así como el amor os corona, os crucifica.
Así como os hace crecer, también os poda.
Así como se eleva hasta vuestras copas y acaricia
vuestras más frágiles ramas que tiemblan al sol, también
penetrará hasta vuestras raíces y las sacudirá de su arraigo a la tierra.

Como espigas de trigo, os cosecha.
Os apalea para desnudaros.
Os trilla para libraros de vuestra paja.
Os muele hasta dejaros blancos.
Os amasa hasta que seáis ágiles,

y luego os entrega a su fuego sagrado, y os transforma
en pan sagrado para el festín de Dios.

Todas estas cosas hará el amor por vosotros para que
podáis conocer los secretos de vuestro corazón, y con
este conocimiento os convirtáis en un fragmento del corazón de la Vida.

Pero si en vuestro temor buscáis sólo la paz
y las mieles del amor,
entonces más vale que cubráis vuestra desnudez y
os apartéis de la senda del amor,

Para que entréis en el mundo sin estaciones, donde
reiréis, pero no todas vuestras risas, y lloraréis,
pero no todas vuestras lágrimas.

El amor sólo da de sí y nada recibe sino de sí mismo.
El amor no posee, y no quiere ser poseído.
Porque al amor le basta con el amor.

Cuando améis no debéis decir "Dios está en mi corazón",
sino más bien "estoy en el corazón de Dios".
Y no penséis que podéis dirigir el curso del amor,
porque el amor, si os halla dignos, dirigirá él vuestros corazones.

El amor no tiene más deseo que el de alcanzar su plenitud.
Pero si amáis y habéis de tener deseos, que sean estos:
De diluiros en el amor y ser como un arroyo que
canta su melodía a la noche.
De conocer el dolor de sentir demasiada ternura.
De ser herido por la comprensión que se tiene del amor.
De sangrar de buena gana y alegremente.
De despertarse al alba con un corazón alado y dar
gracias por otra jornada de amor;
De descansar al mediodía y meditar sobre el éxtasis
del amor;
De volver a casa al crepúsculo con gratitud,
Y luego dormirse con una plegaria en el corazón para
el bien amado, y con un canto de alabanza en los labios.

"El Profeta", Gibran Khalil Gibran.

lunes, 19 de octubre de 2009

Smirnoff Sea

sábado, 17 de octubre de 2009

Ágora

Ágora, la esperadísima superproducción de Alejandro Amenábar, ha aterrizado al fin en los cines de medio mundo transmitiendo una mezcla de sensaciones que van desde la fascinación absoluta por la recreación visual de la antigua Alejandría hasta un no menos importante sentimiento de obra fallida que podía haber dado mucho más de sí.

Y es que, desde un punto de vista técnico, los 50 millones de euros invertidos en la película están sobradamente justificados, no mereciendo otro calificativo que el de impecable tanto en la realización como en la espectacular puesta en escena. Sin embargo, hay algo en el guión redactado por Amenábar y su habitual colaborador Mateo Gil que "hace aguas" como la nave de la ciencia en los albores de la preeminencia cristiana sobre los territorios bañados por el Mare Nostrum. Una carencia que se manifiesta en su capacidad para conmover al espectador con los acontecimientos que está presenciando. Pues Ágora pretende plasmar el siempre interesante y controvertido tema del conflicto entre pensamiento racional y creencias religiosas llevadas al extremo, lamentablemente, tan actual hoy en día como hace mil seiscientos años, pero no consigue una dramatización convincente que cautive a quienes la visionan.

Así, el personaje central de la película, la sabia y tolerante astrónoma Hipatia, encarnado por la bellísima Rachel Weisz, resulta un tanto anodino, abstraído en meditaciones matemáticas durante todo el metraje con las que difícilmente se puede empatizar salvo que uno se sienta cómodo en el lugar de un alumno ávido de primigenios conocimientos científicos. Esto deriva en una historia que adolece de la necesaria intensidad emocional donde más falta le hace, en las intervenciones de quien se presupone protagonista de la narración, y obliga al espectador a buscarla en la piel de sus dos incondicionales seguidores: Orestes y Davo. Los papeles interpretados, respectivamente, por Oscar Isaac y, sobre todo, por Max Minghella, se traducen en lo mejor de la película, alcanzando unas cuotas de credibilidad que ensalzan el buen hacer de ambos actores.

Con estas premisas, Ágora nos deja la sensación de una intencionada vocación documental, aunque quizás nunca estuviera presente en la mente de su realizador, pero los hechos narrados se nos muestran un tanto desnudos de dramatismo, lo suficientemente distantes como para que los contemplemos desapasionadamente. De esa forma desplaza toda nuestra atención al tema de fondo, la intolerancia, y ahí sí que consigue involucrarnos como sujetos pensantes capaces de emitir un juicio propio. No obstante, contemplada en su conjunto, es una película interesante, capaz de atraparnos por su fuerza visual y por la poco conocida historia que nos invita a vivir. Basta con acercarse a ella anteponiendo nuestro espíritu crítico por sobre toda otra consideración y haciendo gala de una actitud reflexiva ante sus planteamientos. Una película, en definitiva, muy recomendable para quienes saboreamos las pequeñas historias de la historia con sumo deleite; eso sí, absténganse quienes conciben el cine como puro entretenimiento.

FRAN.

Para acceder a la web oficial de la película en español, pinchen aquí.

Un gato encantado de la Luna la valora con un 6,5/10.

FICHA TÉCNICA:
Título original: Agora.
Dirección: Alejandro Amenábar.
Dirección artística: Dominique Arcadio, Frank Walsh, Jason Knox-Johnston, Matthew Gray, Stuart Kearns.
País: Estados Unidos, España.
Año: 2009.
Duración: 126 min.
Género: Drama, Histórico, Aventuras.
Interpretación: Rachel Weisz (Hipatia), Max Minghella (Davo), Oscar Isaac (Orestes), Ashraf Barhom (Amonio), Michael Lonsdale (Teón), Rupert Evans (Sinesio), Richard Durden (Olimpio), Sami Samir (Cirilo), Manuel Cauchi (Teófilo), Homayoun Ershadi (Aspasio), Oshri Cohen (Medoro), Harry Borg (Prefecto Evagrio), Charles Thake (Hesiquio), Amber Rose Revah (Sidonia), Yousef Sweid (Pedro).
Guión: Alejandro Amenábar, Mateo Gil.
Producción: Himenóptero, Telecinco, Telecinco Cinema, Cinebiss, Mod Producciones.
Música: Darío Marianelli.
Fotografía: Xavi Giménez.
Montaje: Nacho Ruiz Capillas.
Diseño de producción: Guy Dyas.
Vestuario: Barbara Adducci, Enrica Iacoboni, Enzo Serafino Pellegrino, Ernest Camilleri, Gabriella Pescucci, Giada Tricomi, Giampaolo Grassi, Giovanni Casalnuovo, Giovanni Lipari, Rebecca Higginson, Rossano Marchi.

Luna llena sobre los Alpes

Fotografía tomada en Breil-sur-Roya (sudeste de Francia), el 13 de Enero de 2009.

jueves, 15 de octubre de 2009

Replay

lunes, 12 de octubre de 2009

El color en el arte



"El color es un medio para ejercer una influencia directa sobre el alma. El color es la tecla. El alma es el piano con muchas cuerdas. El artista es la mano que por esta o aquella tecla, hace vibrar adecuadamente el alma humana."

Wassily Kandinsky.

domingo, 11 de octubre de 2009

Central Park (Nueva York)


miércoles, 7 de octubre de 2009

ROVO - SINO

domingo, 4 de octubre de 2009

Lo dijo... Mateo Alemán

Deben buscarse los amigos como los buenos libros. No está la felicidad en que sean muchos ni muy curiosos; sino pocos, buenos y bien conocidos.

viernes, 2 de octubre de 2009

Todos con Madrid


E2-E4

jueves, 1 de octubre de 2009

Un estudiado toque de abandono

En mis tiempos de repórter Tribulete, cuando los de la vieja y extinta tribu todavía andábamos por los aeropuertos, los hoteles y la vida con una máquina de escribir portátil a cuestas, mi vieja Olivetti Lettera 32 con pegatina del diario Pueblo –todavía debe de estar en algún rincón del trastero– tenía por dentro de la funda un rótulo escrito a mano con la frase: «Cada día puede conmemorarse el centenario de alguna atrocidad». La reflexión sigue siendo válida, creo, para las atrocidades y para muchas cosas más. Hace pocos días, comentando el asunto con un viejo compañero de excursiones, parafraseó éste: «Y de alguna gilipollez». Me pareció oportuna la variante, y para confirmarlo decidí hacer un experimento. Seguro, dije, que si encendemos ahora la tele y zapeamos cinco minutos, o abrimos un periódico o una revista, damos en seguida con alguna gilipollez gorda, hermosa. Bien alimentada. Y tampoco es que la cosa rastreadora tenga mucho mérito. Por alguna singular razón que compete a los sociólogos, nunca fue tan desmesurada la cantidad de gilipolleces circulantes, acogidas con ávido entusiasmo por el personal, siempre dispuesto a apropiárselas. En ciertos ambientes y lugares, echas una gilipollez cualquiera al aire, entre la gente, y no toca el suelo.

Pero no quiero desviarme del asunto, que la página es corta y la vida, breve. Vayamos al grano. Y el grano es que abrí, en efecto, una revista al azar. O casi. Puesto a ser sincero, no la abrí exactamente al azar; pues procuré elegir una publicación –buenísima, por cierto– de arquitectura y diseño. Así que en cierto modo jugaba, vieja puta del oficio papelero como soy, con cartas marcadas. Pero lo cierto, y eso puedo jurarlo por el cetro de Ottokar –ya saben: Eih bennek, eih blavek–, es que las páginas las pasé al azar, mirando por aquí y por allá. Por supuesto, no quedé defraudado. Allí estaba la gilipollez de ese día, rutilante como ella sola. Redonda, compacta y sin poros. Triunfante a toda página y con titular gordo. Procurando, como todas las buenas gilipolleces sin complejos, no pasar inadvertida.

Lamento, como ocurre a menudo, no poder ilustrar esta página con las fotos correspondientes; pero haré lo que pueda, que para eso cobro por darle a la tecla. El caso es que el asunto –«Actualidad decó, las últimas novedades para estar al día»– iba de muebles supermegapuestos y modernos, oyes. Con diseño divino de la muerte súbita. Todo eran sillones, sillas y sofás –sofases, que se dice ahora–. Y el consejo maestro, que reclamaba mármol a gritos, ayudaba a situar la novedad en el contexto adecuado: «En tiempos de crisis no sólo hay que ser pobre, sino parecerlo». Ahora, dejando aparte las ganas naturales que a muchos de ustedes, como a mí, les habrán entrado de masacrar y colgar de una farola al ingenioso autor de la frase, échenme una mano, porfa, y procuren representarse mentalmente diversos modelos y estilos de muebles clásicos y modernos, tapizados todos ellos con telas cutres y remendadas: sacos, arpilleras, retales guarros, zurcidos bastos y costuras deshechas, con los hilos rotos. Todo lleno de desgarrones, con el detalle encantador, refinado que te vas absolutamente de vareta, colega, de que no es que el tiempo haya dejado ahí sus huellas, sino que asientos y respaldos están rotos a propósito, mostrando los muelles o el relleno interior. Como esas sillas –sitúo geográficamente la cosa– donde algunos se sientan a vender droga a la puerta de una chabola de las Barranquillas, pero en tiendas caras y aflojando una pasta horrorosa. Para que se hagan idea: una silla francesa con el asiento despanzurrado y los muelles fuera cuesta 800 mortadelos; y un sofá de madera tallada, tapizado en tela de saco guarro y con un roto en el respaldo, 6.800 del ala. Tampoco se pierdan, ojo, el texto fascinante con el que se introduce el prodigio: «Maderas decapadas y formas al desnudo para dar a tu casa un estudiado toque de abandono. ¡Entra a saco!».

Así que ya lo saben. Si quieren estar a la última en decó y asombrar a la vecina cuando pase a cotillear, entren a saco. O tomen por él. Tampoco hace falta que sean memos y se gasten la viruta; guárdenla para pagar impuestos al sheriff de Nottingham. Si lo que quieren es dar a su casa un estudiado toque de abandono, pueden apañarse solos. Por ejemplo: tapizando el tresillo, no con sacos de Nitrato de Chile, que a estas alturas de la feria serían excesivamente clásicos, sino con cartones recogidos de noche en las calles y con bolsas de plástico del Corte Inglés. Luego, una vez zurcidos con hilo bramante y cinta adhesiva –más toque de abandono, imposible–, pueden darse unos cuantos navajazos para conseguir el apresto adecuado. El toque final de refinado abandono se añade al saltar un rato encima, pateándolos bien. De paso, imaginen que le patean los huevos al diseñador. Eso ayuda mucho.

Publicado por Arturo Pérez-Reverte en XLSemanal (Nº 1144. Del 27 de septiembre al 3 de octubre de 2009).