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lunes, 25 de abril de 2011

El Universo en una cáscara de nuez

"En la actualidad, los ordenadores tienen la ventaja de la rapidez, pero aún no muestran señales de inteligencia. Ello no es sorprendente, ya que los ordenadores actuales son menos complicados que el cerebro de una lombriz de tierra, una especie no muy notable por sus dotes intelectuales.

Pero los ordenadores siguen lo que se llama «ley de Moore»: su velocidad y complejidad se duplican cada dieciocho meses. Es uno de los crecimientos exponenciales que claramente no pueden seguir indefinidamente. Sin embargo, probablemente continuará hasta que los ordenadores alcancen una complejidad semejante a la del cerebro humano. Algunos afirman que los ordenadores nunca mostrarán auténtica inteligencia, sea ésta lo que sea. Pero me parece que si moléculas químicas muy complicadas pueden funcionar en los cerebros y hacerlos inteligentes, entonces, circuitos electrónicos igualmente complicados pueden llegar a conseguir que los ordenadores actúen de manera inteligente. Y si llegan a ser inteligentes, presumiblemente podrán diseñar ordenadores que tengan incluso mayor complejidad e inteligencia.

Este aumento de complejidad biológica y electrónica ¿proseguirá indefinidamente, o existe algún límite natural? Del lado biológico, el límite de la inteligencia humana ha sido establecido hasta el presente por el tamaño del cerebro que puede pasar por el conducto materno. Como he visto el nacimiento de mis tres hijos, sé cuán difícil es que salga la cabeza. Pero espero que en el siglo que acabamos de iniciar conseguiremos desarrollar bebés en el exterior del cuerpo humano, de manera que esta limitación quedará eliminada. En última instancia, sin embargo, el crecimiento del tamaño del cerebro humano mediante la ingeniería genética topará con el problema de que los mensajeros químicos del cuerpo responsables de nuestra actividad mental son relativamente lentos. Ello significa que aumentos posteriores en la complejidad del cerebro se realizarán a expensas de su velocidad. Podemos ser muy rápidos o muy inteligentes, pero no ambas cosas a la vez. Aun así, creo que podemos llegar a ser mucho más inteligentes que la mayoría de personajes de Star Trek, aunque esto, en realidad, no sea muy difícil."

Stephen Hawking.

domingo, 25 de julio de 2010

La sombra de un lector

Muy de vez en cuando la vida te da la oportunidad de sentirte un privilegiado. Da igual que sea condición exclusiva, o compartida por millones, como tampoco importa su procedencia o repercusión. El caso es que lo sientes y deseas compartirlo. A mí me ha pasado de una manera que no imaginaba aunque, siendo honesto, no me ha sorprendido del todo. Leyendo.


Y es que hace unos días tuve el inmenso privilegio de convertirme en uno más de tantos que han caído rendidos ante el talento literario de Carlos Ruiz Zafón. Su primera gran novela, "La Sombra del Viento", tejió la tela de araña, y yo, incauto de mí, fui presa de ella. Volar con la imaginación mientras mis ojos iban dejando atrás esas brillantes líneas ha sido una experiencia única, como solo los grandes de la literatura pueden ofrecer. Su embrujo me atrapó para siempre, como el de las calles y rincones de una Barcelona de posguerra perdida en la memoria de los sueños. Lugares tan pintorescos y mágicos como el Cementerio de los Libros Olvidados u oscuros y tenebrosos como el caserón Aldaya forman ya parte de mi subconsciente y las aventuras de un joven Daniel Sempere siguiendo los pasos de Julián Carax nunca podrán caer en las brumas del olvido.

"La Sombra del Viento" es una obra genial, como solo las musas pueden inspirar y su lectura algo más que una recomendación. Maravillándome con libros así siento lástima por esas personas que, por desidia o ignorancia, por aburrimiento o desconocimiento, jamás se acercan a la literatura. Ellos nunca sabrán lo que se siente al pasar esas páginas de emoción, nunca vivirán otros mundos ni realidades que tanto tienen que aportar. Pero los lectores continuaremos el viaje de las letras, un viaje sin fin en el que nuestras sombras, arrastradas por el viento, seguirán proyectando las historias robadas a los libros.

FRAN.

domingo, 4 de abril de 2010

La carretera

"Empezaron a encontrar junto a la carretera algún que otro pequeño mojón de piedras. Eran señales de idioma gitano, pateranes perdidos. El primero que veía en bastante tiempo, comunes en el norte a medida que salías de las ciudades saqueadas y exhaustas, mensajes sin esperanza para seres queridos desaparecidos o muertos. Todas las provisiones de comida se habían agotado ya y el asesinato reinaba en la región. El mundo al poco tiempo poblado mayormente por hombres que se comían a tus hijos ante tus propios ojos y las ciudades en poder de bandas de atezados saqueadores que abrían túneles en las ruinas y salían reptando de los escombros blancos de dientes y ojos con bolsas de malla repletas de latas chamuscadas y anónimas como compradores salidos de los economatos del infierno. El blando talco negro barría las calles cual tinta de calamar desparramándose por un lecho marino y el frío se pegaba al suelo y oscurecía temprano y los carroñeros al pasar con sus antorchas por los escarpados desfiladeros dejaban en la ceniza hoyos como de seda que se cerraban silenciosamente a su paso como ojos. En las carreteras los peregrinos se derrumbaban y caían y morían y la tierra yerma y amortajada iba rodando hasta el otro lado del sol y regresaba sin dejar huella y tan inadvertida como la trayectoria de cualquier mundo hermano sin nombre en las inmemoriales tinieblas de más allá."

Cormac McCarthy.

lunes, 15 de marzo de 2010

El Último Catón

"Justo donde comenzaba el margen a nuestra derecha, el suelo de piedra aparecía maravillosamente tallado con escenas en relieve y, tal y como Dante contaba, la primera era la caída en picado de Lucifer desde el cielo. Podía verse el rostro del bellísimo ángel con un terrible gesto de enfado mientras tendía las manos hacia Dios en su caída, como implorando misericordia. Los detalles estaban tan cuidadosamente reflejados que era imposible no sentir un escalofrío ante semejante perfección artística.
—Es de estilo bizantino —comentó el profesor, impresionado—. Miren ese Pantocrátor justiciero contemplando el castigo de su ángel predilecto.
—La soberbia castigada... —murmuré.
—Bueno, esa es la idea, ¿no?
—Sacaré la Divina Comedia —anunció Glauser-Röist, acompañando la palabra con el gesto—. Debemos comprobar las coincidencias.
—Coincidirá, capitán, coincidirá. No le quepa duda.
La Roca hojeó el libro y levantó la cabeza con una sonrisa en la comisura de los labios.
—¿Saben que los tercetos de esta serie de representaciones iconográficas empiezan en el verso 25 del Canto? Dos más cinco, siete. Uno de los números preferidos de Dante."

Matilde Asensi.

miércoles, 13 de enero de 2010

After Dark

"Perfil de una gran ciudad.
Captamos esta imagen desde las alturas, a través de los ojos de un ave nocturna que vuela muy alto.
En el amplio panorama, la ciudad parece un gigantesco ser vivo. O el conjunto de una multitud de corpúsculos entrelazados. Innumerables vasos sanguíneos se extienden hasta el último rincón de ese cuerpo imposible de definir, transportan la sangre, renuevan sin descanso las células. Envían información nueva y retiran información vieja. Envían consumo nuevo y retiran consumo viejo. Envían contradicciones nuevas y retiran contradicciones viejas. Al ritmo de las pulsaciones del corazón parpadea todo el cuerpo, se inflama de fiebre, bulle. La medianoche se acerca y, una vez superado el momento de máxima actividad, el metabolismo basal sigue, sin flaquear, a fin de mantener el cuerpo con vida. Suyo es el zumbido que emite la ciudad en un bajo sostenido. Un zumbido sin vicisitudes, monótono, aunque lleno de presentimientos."

Haruki Murakami.

lunes, 21 de diciembre de 2009

El valioso tiempo de los maduros

"Conté mis años y descubrí
que tengo menos tiempo
para vivir de aquí en adelante
que el que viví hasta ahora.

Me siento como aquel chico
que ganó un paquete de golosinas:
las primeras las comió con agrado,
pero, cuando percibió que quedaban pocas,
comenzó a saborearlas profundamente.

Ya no tengo tiempo
para reuniones interminables
donde se discuten estatutos,
normas, procedimientos
y reglamentos internos,
sabiendo que no se va a lograr nada.

Ya no tengo tiempo
para soportar absurdas personas que,
a pesar de su edad cronológica,
no han crecido.

Ya no tengo tiempo
para lidiar con mediocridades.

No quiero estar en reuniones
donde desfilan egos inflados.

No tolero a maniobreros y ventajeros.

Me molestan los envidiosos
que tratan de desacreditar a los más capaces
para apropiarse de sus lugares,
talentos y logros.

Detesto, si soy testigo,
de los defectos que genera
la lucha por un majestuoso cargo.

Las personas no discuten contenidos,
apenas los títulos.

Mi tiempo es escaso
como para discutir títulos.

Quiero la esencia,
mi alma tiene prisa…

Sin muchas golosinas en el paquete,
quiero vivir al lado de gente humana,
muy humana.

Que sepa reír de sus errores.

Que no se envanezca con sus triunfos.

Que no se considere electa antes de hora.

Que no huya de sus responsabilidades.

Que defienda la dignidad humana.

Y que desee tan sólo andar
del lado de la verdad y la honradez.

Caminar junto a cosas y personas de verdad,
disfrutando de un afecto absoluto y sin fraudes,
nunca será pérdida de tiempo.

Lo esencial es lo que hace
que la vida valga la pena.

Quiero rodearme de gente
que sepa tocar el corazón de las personas.

Gente a quien los golpes duros de la vida,
le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.

Sí…. tengo prisa…
por vivir con la intensidad
que solo la madurez puede dar.

Pretendo no desperdiciar
parte alguna de las golosinas
que me quedan…

Estoy seguro que serán más exquisitas
que las que hasta ahora he comido.

Mi meta es llegar al final
satisfecho y en paz
con mis seres queridos
y con mi conciencia.

Espero que la tuya sea la misma,
porque de cualquier manera
llegarás..."

Mario de Andrade.

martes, 25 de agosto de 2009

El Diario de Ana Frank

"Sábado, 12 de febrero de 1944

Querida Kitty:
Hace sol, el cielo está de un azul profundo, hace una brisa hermosa y yo tengo unos enormes deseos de... ¡de todo! Deseos de hablar, de ser libre, de ver a mis amigos, de estar sola. Tengo tantos deseos de... ¡de llorar! Siento en mí una sensación como si fuera a estallar, y sé que llorar me aliviaría. Pero no puedo. Estoy intranquila, voy de una habitación a la otra, respiro por la rendija de una ventana cerrada, siento que mi corazón palpita como si me dijera: '¡Cuándo cumplirás mis deseos!'.
Creo que siento en mí la primavera, siento el despertar de la primavera, lo siento en el cuerpo y en el alma. Tengo que contenerme para comportarme de manera normal, estoy totalmente confusa, no sé qué leer, qué escribir, qué hacer, solo sé que ardo en deseos...

Tu Ana"

Ana Frank.

jueves, 11 de junio de 2009

Los Hijos de Húrin

"Así pues Húrin fue llevado ante Morgoth, porque éste sabía, por sus artes y sus espías, que Húrin tenía amistad con el rey, e intentó intimidarlo con su mirada. Pero aún no era posible intimidar a Húrin, que desafió a Morgoth. Morgoth lo hizo entonces encadenar y le dio lento tormento. Al cabo de un tiempo, fue a donde él estaba y le ofreció la posibilidad de escoger entre ser libre de ir a donde quisiera o bien recibir poder y rango como el mayor de los capitanes de Morgoth, si se avenía a revelarle dónde tenía Turgon su fortaleza y todo lo que supiese sobre los designios del rey. Pero Húrin el Firme se mofó de él, diciendo:
-Eres ciego, Morgoth Bauglir, y ciego serás siempre, pues tan sólo ves la oscuridad. Desconoces las normas que rigen el corazón de los Hombres, y si las conocieras no sabrías acatarlas. Pero necio es quien acepta lo que Morgoth le ofrece. Primero te quedarías con el precio y luego faltarías a tu promesa; y si te dijera lo que pides, yo sólo obtendría la muerte.
Entonces Morgoth rió, y dijo:
-Quizá acabes pidiéndome la muerte como una merced.
Entonces llevó a Húrin a la Haudh-en-Nirnaeth, que por entonces estaba recién construida, y en ella se respiraba el hedor de la muerte; y Morgoth lo puso en lo más alto de la cima y le ordenó que mirara al oeste, hacia Hithlum, y que pensara en su esposa y en su hijo y en el resto de los suyos.
—Porque ahora moran en mi reino —dijo Morgoth—, y los tengo en mi poder.
—No los tienes —respondió Húrin—. Pero no llegarás a Turgon a través de ellos; porque ellos no conocen sus secretos.
Entonces la cólera dominó a Morgoth, y dijo:
-Pero sí te tengo a ti, y llegaré a toda tu maldita casa; y os quebrantará mi voluntad, aunque estéis todos hechos de acero. -Y diciendo esto, alzó una larga espada que allí había y la quebró ante los ojos de Húrin, y un fragmento le hirió en la cara; pero Húrin no se doblegó. Entonces Morgoth, extendiendo el largo brazo hacia Dorlómin, maldijo a Húrin y Morwen y a sus hijos, diciendo-: ¡Mira! La sombra de mi pensamiento caerá sobre ellos dondequiera que vayan, y mi odio los perseguirá hasta los confines del mundo.
Pero Húrin replicó:
-Hablas en vano. Tú no puedes verlos ni gobernarlos desde lejos; no mientras conserves esta forma, y desees aún ser un rey visible en la tierra.
Entonces Morgoth se volvió hacia Húrin, y dijo:
-¡Necio, insignificante entre los Hombres, que son ya lo más insignificante de cuanto habla! ¿Has visto a los Valar, o medido el poder de Manwé y Varda? ¿Conoces el alcance de su pensamiento?
¿O crees, quizá, que ellos te tienen presente y que pueden protegerte desde lejos?
—No lo sé —contestó Húrin—. Pero bien podría ser así si ellos lo quisieran. Porque mientras Arda perdure el Rey Mayor no será destronado."

J.R.R. Tolkien.

martes, 5 de mayo de 2009

Next

"Hacía poco que había empezado a definirse como artista, y un artista no necesitaba para nada la formación reglada. De hecho, esta interfería con su capacidad para sentir el Zeitgeist, para remontar las oleadas de cambio que arrollaban a la sociedad y responder de manera apropiada. En su opinión, Sanger estaba muy bien informado. Leía los diarios de Berkeley y a veces también revistas como Mother Jones y muchas otras sobre medio ambiente. No lo hacía cada mes sistemáticamente pero sí de vez en cuando. Aunque lo cierto era que solía mirar solo las fotos, el texto lo leía por encima. Eso era cuanto le hacía falta para conectar con el Zeitgeist.

El arte era una cuestión de sensaciones. Se trataba más bien de notar el efecto que producía vivir en un mundo materialista, entre lujos peripatéticos, falsas promesas y grandes decepciones. Lo que hacían mal las gentes de su tiempo era ignorar las propias sensaciones.

La misión del arte era, precisamente, despertar las verdaderas sensaciones, golpear a las personas para hacerlas tomar conciencia. Por eso muchos jóvenes artistas se servían de la tecnología genética y la materia orgánica para crear obras de arte. Lo llamaban arte viviente..."

Michael Crichton.

lunes, 27 de abril de 2009

El mundo perfecto

"Dios de las almas perdidas, tú que estás perdido entre los dioses, escúchame.

Vivo en el seno de una raza perfecta, yo, el más imperfecto de los hombres. Yo, un caos humano, nebulosa de elementos confusos, deambulo entre mundos perfectamente acabados.

Vivo entre pueblos regidos por leyes perfectas que obedecen un orden puro, en donde los pensamientos son clasificados, los sueños ordenados y las visiones registradas.


Estos pueblos, ¡oh Dios!, miden sus virtudes y pesan sus pecados. Y mil y otras futilidades, tan absurdamente que hasta las mínimas tonterías figuran entre sus registros y sus escritos, mientras que están muy lejos de ser virtudes o pecados.


Aquí los días y las noches están convenientemente divididos en estaciones dentro del respeto a conveniencias y a un orden preciso.


Comer, beber, dormir y cubrirse para después saciar el aburrimiento, todo a su debido tiempo.


Trabajar, jugar, cantar y bailar, para después descansar tranquilamente cuando llegue la hora.


Pensar esto, sentir aquello, después dejar de pensar y de sentir cuando una estrella se alza en el horizonte.


Robar al vecino con una sonrisa, dar regalos con gracioso ademán, admirar con moderación, acusar con cautela, destruir un alma con una palabra, quemar un cuerpo con el aliento, después lavarse las manos cuando se ha terminado el trabajo del día.


Amar según el orden establecido, divertirse de acuerdo a un método preconcebido, venerar a los dioses con discreción, engañar a los demonios con destreza, y después olvidarse de todo, como si la memoria hubiese muerto.


Imaginar con un motivo determinado; meditar con consideración; gozar dulcemente; sufrir noblemente; y después vaciar la copa de manera que mañana podamos llenarla otra vez.


Todas estas cosas, ¡oh Dios!, han sido concebidas con preclara visión, han nacido con un propósito firme, con exactitud, regidas por reglas y dirigidas por la razón, y luego se asesinan y se entierran según el método prescrito. Y aún las silenciosas tumbas que yacen en el fondo del alma humana tienen su marca y su número.


Es un mundo perfecto; de maravillas; el más maduro fruto del jardín de Dios; el pensamiento rector del Universo.


Pero dime, ¡oh Dios!, ¿por qué estoy yo aquí? Yo, semilla de pasión insatisfecha, loca tempestad que no busca ni Sur ni Aquilón, ni comienzo ni fin, aturdido fragmento de un planeta que pereció en las llamas.


¿Por qué estoy yo aquí? Dímelo tú, ¡oh Dios!, que te encuentras perdido entre los demás dioses..."


Gibran Khalil Gibran.

miércoles, 8 de abril de 2009

Fahrenheit 451

"Montag se vio en los ojos de ella, suspendido en dos brillantes gotas de agua, oscuro y diminuto, pero con mucho detalle; las líneas alrededor de su boca, todo en su sitio, como si los ojos de la muchacha fuesen dos milagrosos pedacitos de ámbar violeta que pudiesen capturarle y conservarle intacto. El rostro de la joven, vuelto ahora hacia él, era un frágil cristal de leche con una luz suave y constante en su interior. No era la luz histérica de la electricidad, sino... ¿Qué? Sino la agradable, extraña y parpadeante luz de una vela. Una vez, cuando él era niño, en un corte de energía, su madre había encontrado y encendido una última vela, y se había producido una breve hora de redescubrimiento, de una iluminación tal que el espacio perdió sus vastas dimensiones y se cerró confortablemente alrededor de ellos, madre e hijo, solitarios, transformados, esperando que la energía no volviese quizá demasiado pronto..."

Ray Bradbury.

martes, 16 de diciembre de 2008

La aventura de viajar

"Cuando en cierta ocasión pregunté a una muchacha saharaui qué significaba para ella la palabra paz, me respondió: 'Tener un frigorífico y una lavadora'. En Etiopía, un taxista me dijo: 'África está llena de niños listos y adultos tontos. La miseria embrutece'. Navegando el río Congo, un pasajero del que me hice amigo, que iba desde Kinshasa al lejano pueblo de Boma para ejercer un empleo de ingeniero agrónomo, me dijo alegremente: 'Lo más humillante que puede sucederle a un hombre es no poder trabajar en lo que de verdad conoce. Yo me gradué en Bruselas con veinticuatro años de edad y tengo ahora cincuenta. He vivido humillado veintiséis. Pero por fin voy a ser yo mismo'.

En un campamento de prisioneros marroquíes, el saharaui Ahmed Du me llevó a hablar con algunos de ellos. Los trataba con extrema cortesía y yo le mostré mi aprecio por la forma tan generosa que tenía de dirigirse a sus enemigos. Él me respondió: 'Un prisionero no es un enemigo; es un hombre vencido'. Maidole, la bonita niña nicaragüense de Jalapa, me preguntó una vez: '¿Cómo es un país sin guerra, señor?'. En fin, encontré a una mujer en Split cuyo marido se encontraba en el Sarajevo cercado por los serbios radicales. Cuando supo que iba a ir a la ciudad, me pidió que le llevara a su esposo una bolsa con alimentos. Además de eso, me dio doscientos marcos alemanes para él, el único dinero que poseía. Yo le dije: 'Señora, usted no me conoce, puedo quedarme con el dinero y no buscar a su marido'. Ella me respondió: 'En este país nos hemos acostumbrado a confiar en los desconocidos y a desconfiar de los conocidos'.

Viajando, aprendí mucho sobre la miseria, la tristeza y el dolor, pero también sobre la generosidad, la dignidad y la fe. Y decidí que eran estas cosas sobre las que quería escribir y para las que el periodismo me resultaba insuficiente."

Javier Reverte.

miércoles, 1 de octubre de 2008

La noche quedó atrás

"Así aprendí a apreciar el valor que representa una propaganda coordinada y dirigida desde un solo centro sobre una masa exaltada de seres humanos. Aprendí con qué facilidad una masa, una vez controlada, puede ser llevada a realizar actos de violencia. En tiempos pasados, Dimitrof me había dicho cierta vez, en Berlín: 'Cuando sienta que tiene bien dominadas las mentes de las masas, no las deje solas, entregadas a sí mismas, no las deje actuar por sí solas: dígales lo que deben hacer por la mañana y por la noche; déjelas sentir que tienen detrás de sí un poder que sabe cuál es el verdadero camino, y señáleles este camino infatigablemente'."

Jan Valtin.

sábado, 13 de octubre de 2007

Crónicas Marcianas

"Estoy quemando toda una manera de vivir, de la misma forma que otra manera de vivir se quema ahora en la Tierra. Perdonadme si os hablo como un político, pero al fin y al cabo soy un ex gobernador; un gobernador honesto, por eso me odiaron. La vida en la Tierra nunca fue nada bueno. La ciencia se nos adelantó demasiado, con demasiada rapidez, y la gente se extravió en una maraña mecánica, dedicándose como niños a cosas bonitas: artefactos, helicópteros, cohetes; dando importancia a lo que no tenía importancia, preocupándose por las máquinas más que por el modo de dominar las máquinas. Las guerras crecieron y crecieron y por último acabaron con la Tierra..."

Ray Bradbury.

miércoles, 25 de abril de 2007

Kafka en la orilla

"A veces, el destino se parece a una tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la Muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta, en definitiva, eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí sólo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo. Imagínate una tormenta como ésta.

(...) Y tú en verdad la atravesarás, claro está. La violenta tormenta de arena. La tormenta de arena metafísica y simbólica. Pero por más metafísica y simbólica que sea, te rasgará cruelmente la carne como si de mil cuchillas se tratase. Muchas personas han derramado allí su sangre y tú, asimismo, derramarás allí la tuya. Sangre caliente y roja. Y esa sangre se verterá en tus manos. Tu sangre y, también, la sangre de los demás.

Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta de arena."

Haruki Murakami.

lunes, 4 de diciembre de 2006

Tiempos de arroz y sal

"Los medios que utiliza la gente para alimentarse determinan cómo piensan y en qué creen. Las sociedades agrícolas creen en dioses de la lluvia y en dioses de la germinación y en dioses para todo aquello que pueda afectar la cosecha. La gente que pastorea animales cree en un único dios pastor. En estos dos tipos de cultura se ve una noción primitiva de dioses como ayudantes, como gente mayor que mira todo desde arriba, como padres que sin embargo actúan como niños malos, decidiendo caprichosamente a quién recompensarán y a quién castigarán, de acuerdo con los cobardes sacrificios que les ofrecen los humanos que están a merced de sus caprichos. Las religiones que dicen que uno debe hacer sacrificios y hasta rezar a un dios de esa manera, para pedirles que hagan algo material por ti, son las religiones de la gente desesperada e ignorante. Es sólo cuando se llega a las sociedades más avanzadas y seguras que se consigue una religión capaz de enfrentar honestamente al universo, para anunciar que no hay ninguna señal clara de divinidad, excepto la existencia del cosmos dentro y fuera de sí mismo, lo cual significa que todo es sagrado, ya sea que haya o no un dios mirando desde allí arriba".

Kim Stanley Robinson.