Mostrando entradas con la etiqueta Actualidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Actualidad. Mostrar todas las entradas

domingo, 14 de agosto de 2011

El tío Gilito y sus secuaces

Decía Unamuno que, cuando en España se habla de honra, un hombre honrado debe ponerse a temblar. Más de uno debió de temblar el otro día, escuchando decir a un poderoso banquero que ahora los bancos serán más compasivos con sus clientes. Es hecho probado que a ningún banquero, de aquí o de afuera, le da acidez de estómago la ruina ajena. Un banquero es un depredador social con esposa en el Hola, un Danglars que traiciona a cuanto Edmundo Dantés cruza su camino, un Scrooge al que se la traen floja los espectros de las navidades pasadas, presentes y venideras, un tío Gilito que hasta con su sobrino el pato Donald -los que leíamos tebeos lo calamos desde niños-, ignora la piedad. Y ni falta que le hace.

De economía no tengo ni idea; pero lo que no soy es completamente gilipollas. Por eso me toca la flor, corneta, que los banqueros maltraten mi sentido común a semejantes alturas de la feria, en esta España donde no hay monumento al sinvergüenza desconocido porque aquí nos conocemos todos. Un infeliz país donde la gente puede verse obligada a cerrar tienda o negocio por equivocarse en su gestión; pero donde ningún banco ni banquero, que llevan años equivocándose en la gestión irresponsable de un dinero que ni siquiera es suyo, pagan el precio de sus errores. Nunca.

Durante mucho tiempo, al socaire ladrillero que el Pepé del amigo Aznar nos legó por sucia herencia, esa panda de golfos, que igual engorda con unos que con otros, concedió préstamos a todo cristo, sin importar la capacidad de devolución de la clientela. A mi hija, por ejemplo, cuando cumplió dieciocho años, le mandaron seductoras cartas ofreciendo créditos para coches, videoconsolas y ordenadores, los hijos de la gran puta. En vez de centrarse en su trabajo de captar dinero y prestarlo bien, los bancos inundaron España de créditos que rozaban lo fraudulento. Lo usual era hipotecar la casa, en un ambiente de euforia que llevó hasta conceder el precio total de la vivienda, tasada por encima de su valor real, a veces con una cantidad suplementaria, también a sugerencia del propio banco. Y esto fue Disneylandia. Alentada, naturalmente, por la estúpida condición humana; por nuestra criminal simpleza, capaz de tragarse que alguien vendiera duros a cuatro pesetas, y que un empleado que ganaba mil quinientos euros al mes pudiera permitirse -«yo también tengo derecho» fue la frase de moda, como si tener derecho equivaliese a tener posibilidades- hipotecarse en una casa de medio millón, coche para el niño y vacaciones en el Caribe.

Al fin, como era de esperar -aunque nadie parecía esperarlo-, todo se fue al carajo, y los bancos quedaron saturados de garantías que no garantizaban nada. De casas que no valían lo que los tasadores de esos mismos bancos dijeron que iban a valer. El resto lo conocemos: los bancos no quisieron asumir las pérdidas. En cuanto al Gobierno, en vez de decirles oye, cabrón, te has equivocado, así que ahora paga por ello, lo que hizo fue darles dinero. Pero, en vez de destinar esa viruta a proteger a sus clientes, lo que hicieron los bancos fue trincarla para mantener su beneficio. Ni un duro menos, dijeron. Y lo que ocurrió, y ocurre, es que el Estado mira y consiente. Un Gobierno tan aficionado a gobernar por decreto como éste podría limitar las comisiones que cobran los bancos en tarjetas, transferencias, cuentas y cosas así. O los sueldos y beneficios de los banqueros. Pero eso, dicen, conculca los principios del Estado liberal. Obviando, claro, que más liberales son Gran Bretaña y Estados Unidos, donde sí han limitado los ingresos de los banqueros. Allí, cuando el Estado da dinero, vigila qué se hace con él. Por eso se ha metido en los consejos de administración de los bancos y ahora vigila desde dentro. Si piden mi apoyo, exijo. Y cuidado conmigo.

Pero esto es España, y los políticos evitan meter mano. Lo hicieron con las cajas de ahorro cuando todo era ya tan disparatado que no quedaba más remedio. Es el lobby bancario quien decide y el Estado el que babea. Nada raro, si consideramos que los principales deudores de los bancos son los sindicatos y los partidos políticos; y que, tanto a esos dos payasos que salen en la tele con pancartas llenas de siglas como a los de corbata y coche oficial, los bancos los tienen agarrados por las pelotas, o -seamos paritarios- por el folifofó. Y mientras el tendero, el del bar, yo mismo si no vendo libros, asumimos nuestras pérdidas y nos vamos a tomar por saco, nuestro banco se las endosa a otros, sin despeinarse. Y tan amigos. Ahora, para más recochineo, están saliendo a bolsa entre sus mismos depositarios.

A sacar más dinero de aquellos a quienes ya se lo sacaron. Haciendo la bola más grande todavía. Y lo que dure, pues oigan. Dura.

Publicado por Arturo Pérez-Reverte en XLSemanal (Nº 1242. Del 14 al 21 de agosto de 2011).

jueves, 28 de abril de 2011

Elogio de la serenidad

Posiblemente, cuando estas líneas vean la luz, Japón, su terremoto y el subsiguiente tsunami ya habrán pasado a engrosar ese purgatorio de olvido en el que cae cualquier suceso al cabo de unas semanas. Así lo ordena lo que hemos convenido en llamar la actualidad. Uno tiembla y se consterna con la desgracia ajena, pero después de unos días son otros temblores, otros motivos de consternación los que nos afligen, y de este modo va pasando la vida. Porque en este mundo trepidante, y por tanto olvidadizo, todo tiene más o menos la misma fecha de caducidad que un yogur desnatado, algo que podría parecer risible si no fuera tan trágico. Es innecesario decir que el sufrimiento de quien padece una catástrofe continúa ahí. Y, posiblemente, sea incluso más agudo tras el momento de la tragedia, ya que se tardan años, por no decir décadas, en sobreponerse a algo de esas dimensiones. Es lo que está ocurriendo en Haití, por ejemplo, donde, una vez fuera del foco de la rabiosa actualidad, la gente se resigna a reanudar el largo camino hacia la vida normal esperando que llegue a sus manos al menos una mínima parte de la ayuda humanitaria que se generó a raudales cuando era noticia caliente. Japón, en cambio, tiene la enorme ventaja sobre Haití de ser un país rico, por lo que su reconstrucción será -a pesar de que el destrozo ha sido mayor- más rápida y eficaz. Pero es que este país cuenta, además, con una inestimable ventaja adicional. Una que tiene que ver con eso que hemos dado en llamar el factor humano. En otras palabras, cuenta con la particularísima forma de ser de su gente. Para referirme a ella, debo empezar por reconocer que nunca he sido especial admiradora de la cultura japonesa. No me gustan los haikus, y el resto de su literatura me resulta premiosa, cuando no muy ajena a mi forma de pensar. Por su parte, los japoneses en general me inquietan, me parecen seres insondables, cuando no algo hipócritas. Tampoco me interesa especialmente su arte, y de su estética lo que más me atrae es lo que menos tiene que ver con las personas, como sus jardines, por ejemplo. En resumen, los nipones me parecen -me parecían, debería decir- alienígenas en el más respetuoso y literal sentido de la palabra o, lo que es lo mismo, personas de un mundo muy alejado del mío. Ahora ya no. Ahora he descubierto lo equivocada que estaba en todos los sentidos. Es un tópico decir que el alma humana solo se conoce cuando se enfrenta a la adversidad. Pero los tópicos lo son precisamente porque reflejan algo que es cierto. De este modo, la triple tragedia del Japón ha puesto de manifiesto el temple de su gente. Nosotros, que desde la comodidad de nuestras casas y ante el televisor hemos podido observar su desgracia, hemos visto con creciente admiración cómo no se producía ni una escena de histeria ni una señal de descontrol en las largas colas para conseguir víveres y apenas un par de casos aislados de pillaje y desorden. Es como si ese pueblo aceptase con resignación oriental la desgracia como algo inevitable e insondable. Pero no. No se trata en absoluto de fatalismo ni de resignación, sino de un comportamiento mucho más inteligente y eficaz. Un pueblo tan avisado como milenario sabe que su mejor arma contra la catástrofe es el orden, el temple, la resiliencia. No como sometimiento a un castigo que parece divino, sino como actitud -la única posible y la más adecuada- para sobreponerse al dolor y comenzar la reconstrucción. No solo porque, como decía Camus, no hay desgracia por grande que sea que no pueda conjurarse con la más total indiferencia, sino por otra razón que muy bien haría en aprender nuestra sociedad occidental, tan quejica e infantiloide que, a la mínima contrariedad, llora y se desparrama con el absurdo reproche de «¿por qué a mí?». Y la razón es que la contención y la serenidad ante el dolor no son solo un gesto heroico de grandeza y temple, sino la más poderosa y –diría- única arma para luchar contra la adversidad y el inmenso dolor. Eso lo sabían muy bien nuestros abuelos en tiempos más duros y no estaría mal que también lo aprendiéramos nosotros, ahora que pintan bastos.


Publicado por Carmen Posadas en XLSemanal (Nº 1226. Del 24 de abril al 1 de mayo de 2011).

viernes, 15 de abril de 2011

De buena tinta

Hace casi 90 años, Norman Montagu, gobernador del Banco de Inglaterra entre 1920 y 1944, escribía en una carta dirigida a la Asociación de Banqueros de Estados Unidos:

"El capital debe protegerse por todos los medios, tanto por la combinación como por la legislación. Las deudas deben ser cobradas, las hipotecas ejecutadas lo más rápidamente posible. Cuando, a través del proceso de la ley, la gente común pierde sus casas, se volverán más dóciles y más fácilmente gobernables a través del brazo fuerte del gobierno aplicado por un poder central de la riqueza bajo el control de los principales financieros.

Estas verdades son bien conocidas entre nuestros principales dirigentes, quienes ahora se comprometen en moldear el imperialismo que gobernará el mundo. Dividiendo a los votantes gracias al sistema de partidos políticos, podemos conseguir que gasten sus energías luchando por cuestiones sin importancia. Es así, mediante la acción discreta, que podemos asegurar para nosotros lo que ha sido tan bien planeado y realizado con tanto éxito." *

Y yo me pregunto: ¿Les resulta familiar algo de lo que aquí exponía? ¿Creen que puede tener aún vigencia el contenido de este escrito? Al margen del pensamiento de Montagu, de posible ideología filofascista, resulta cuanto menos sorprendente cómo se podía expresar una persona de su cargo en términos que podríamos definir de cualquier manera excepto democráticos. Pero más sorprendente aún, si cabe, es que no nos sorprenda nada (y valga la redundancia) como tan oscuros vaticinios se han convertido en realidad casi una centuria más tarde.


No soy dado a teorías conspiranoicas, y me gusta siempre acceder a las fuentes cuando escribo un artículo, pero dos más dos son cuatro. La forma en que este hombre adoctrinaba a sus colegas norteamericanos en 1924 demuestra, al menos, cierta –si no toda– intencionalidad de controlar a los pueblos bajo el poder del capital. Esta idea omnipresente en todo el fragmento tiene hoy más vigencia que nunca, cuando el mundo (ya convertido en esa 'Aldea Global' que previó McLuhan), vive inmerso en una de las más profundas crisis económicas que se recuerdan, y no solo por el número de personas que se han visto abocadas a la pobreza, sino también por la conciencia creciente de que el modelo impuesto por esa "casta financiera" desde hace décadas está llegando a un punto de "no hay retorno"; su ocaso, quizás ¿o no?

Me gustaría ser optimista y creer que las buenas gentes de todo el mundo son cada vez más conscientes del poder que el dinero (en las riendas de los especuladores) ha ejercido sobre nosotros, y de cómo la moderna esclavitud que a través del mismo nos ha sido impuesta debe terminar para siempre, pero a la vez no puedo dejar de pensar con inquietud –y abierto pesimismo– sobre lo bien diseñado de su plan. Si algo hicieron bien los dirigentes del capital, y tiene pocas posibilidades de cambiar (al menos en un futuro próximo), fue el dividir a la sociedad en dos –Divide et vinces–, razón por la que deliberadamente remarqué el pasaje correspondiente del segundo párrafo en el escrito de Montagu. Solo los valores democráticos pueden vencer a la ideología totalitaria que subyace en el imperio del dinero. Esto los financieros lo han sabido muy bien desde que se constituyeron como élite dominante en las sociedades desarrolladas. Por ello diseñaron su estrategia de poder participando directa y eficientemente en las estructuras que sustentan la democracia. Manteniendo una dialéctica de confrontación entre las dos tendencias –partidos políticos– básicas en cada nación/estado, se aseguraron que el pueblo, involucrado en pírricas batallas carentes de sentido, se despreocupara de aquellas cosas que son verdaderamente importantes: sus libertades individuales e independencia como sociedades de toda forma de control impuesto.

De estas divisiones son claros ejemplos los 'contrarios' políticos Derecha-Izquierda, Centralismo-Periferia, Progresismo-Conservadurismo, Occidente-Oriente (político-sociales), etc. O, llevados al extremo, los 'contrarios' Real Madrid-Barcelona (deportivos), Tenerife-Gran Canaria (conflictos de vecindad)... En definitiva, toda clase de elementos divisorios que mantengan a las personas ajenas a los hilos que rigen la sociedad y lejos de sus manipuladores. ¿Y qué podemos hacer para sacudirnos ese control? No tengo recetas mágicas, pero considero que tomando un poco de distanciamiento sobre las intoxicaciones mediáticas, intentando resolver los conflictos con 'nuestros contrarios' de manera sosegada y dialogada y siendo, finalmente, más tolerantes los unos con los otros, estaremos avanzando en la dirección correcta para construir una sociedad mejor y más libre de toda forma de opresión.

FRAN.

* Traducción efectuada por mí sobre el texto original en inglés:

"Capital must protect itself in every possible way, both by combination and legislation. Debts must be collected, mortgages foreclosed as rapidly as possible. When, through process of law, the common people lose their homes, they will become more docile and more easily governed through the strong arm of the government applied by a central power of wealth under leading financiers.

These truths are well known among our principal men, who are now engaged in forming imperialism to govern the world. By dividing the voter through the political party system, we can get them to expend their energies in fighting for questions of no importance. It is thus, by discrete action, we can secure for ourselves that which has been so well planned and so successfully accomplished.
"

[Montagu Norman, Governor of the Bank of England, addressing the United States Bankers' Association, New York, 1924.]

Quiero agradecer a mi profesor Steven por facilitarme este documento histórico y despertar mi interés en su contenido.

viernes, 8 de abril de 2011

¡Indignémonos!

domingo, 13 de marzo de 2011

Países distraídos

Genera escepticismo y tristeza constatar que los países occidentales están distraídos, como si no ocurriera gran cosa en el mundo árabe. Por el contrario, alimenta una esperanza sin límites percibir que una parte fundamental de la población del globo, un ausente hasta ahora del verdadero concierto internacional, está a punto de incorporarse a la modernidad, uniéndose a los demás.

Será inmensamente bueno para ellos y para el resto del mundo, que los ha echado mucho de menos. El conocimiento científico puede ayudar algo a entender lo que pasa con unos y otros. En primer lugar, habría que saber por qué el mundo occidental y los países europeos en particular están tan distraídos que no se dan cuenta de lo que ocurre a su alrededor. Me caben pocas dudas de que los países europeos han perdido de vista cuál es su elemento o dominio; es decir, aquella misión que no solo los enaltece cumplirla, sino disfrutar cuando se sumergen en ella.

A comienzos de una década muy distinta de lo que es Europa ahora, cuando regresé a España después de 20 años en el extranjero –era el comienzo de la década de los 70 y faltaban muy pocos años para que se muriera en su lecho el dictador–, todo el mundo me preguntaba por qué Europa era distinta; parecía más rica que nosotros, no solo económicamente, sino también científicamente y en el nivel de esparcimiento.

Recapacitando sobre lo que había visto y vivido, llegué pronto a una conclusión irrebatible: Europa no tenía petróleo; no era particularmente rica y sus emigrantes, ubicados por todo el planeta, entonaban canciones que recordaban su pobreza extrema y desamparo durante la mayor parte de su Historia. Europa había sufrido muchos holocaustos y en pleno siglo XVII se seguían quemando “brujas”. ¿Cuál había sido entonces su secreto? ¿Qué fue lo que dio a Europa la fuerza para innovar y colocarse a la cabeza del mundo durante muchos años?

Precisamente lo mismo que están a punto de conseguir los países árabes en estos momentos. En Europa fue la separación amorosa de la Iglesia y el Estado dedicándose, por fin, cada uno de ellos a sus propias competencias. A Dios lo que era de Dios y al César lo que era del César. Exactamente lo mismo que va a ocurrir dentro de muy poco en los países árabes. No se trata de cuestionar la religión en los países islámicos; todo lo contrario, de lo que se trata es de que las normas y los protocolos religiosos no interfieran en la voluntad del pueblo, explicitada en constituciones democráticas.

Es muy difícil de asimilar el aire distraído de los europeos ante tamaño acontecimiento. La separación amorosa entre la religión, por un lado, y el poder, por otro, tuvo consecuencias incalculables que solo quiero ahora apuntar. Europa renació de las cenizas. Por primera vez, los que se atenían únicamente a normas trascendentes y eternas dejaron de interferir con la vida pasajera y cambiante de los europeos. Es imposible regir una república improvisada y terráquea con los protocolos, las normas y los talantes característicos del reino eterno de los cielos.

En segundo término, la mitad de su población –las mujeres– se incorporó a los procesos de producción; desde aquel mismísimo momento, ningún país islámico aferrado al pasado podía competir con los países europeos. “No tenéis nada que hacer –les decía yo a mis amigos islámicos–; en esta carrera, nosotros vamos en Mercedes y vosotros con muletas. ¿Os dais cuenta de que la mitad de vuestra población no está incorporada a los procesos de producción?” Por añadidura, la reubicación del dogma religioso permitió el estallido de la revolución científica.

¿Hay alguien a quien le parezca eso poco?


sábado, 12 de marzo de 2011

A day made of Glass

domingo, 30 de enero de 2011

Vendiendo la enfermedad

martes, 20 de julio de 2010

Agnosticismo político

Contemplar el paupérrimo espectáculo que nuestros políticos nos han brindado días atrás en el marco del debate sobre el estado de la nación ha resultado desolador. Tanto como un inmenso desierto en el que perdido y desesperado no hallaras más aliento que el espejismo de un oasis inalcanzable.

Con los zumbidos de las vuvuzelas apagados y los humos de los fuegos de artificio disipados tras el histórico éxito de 'La Roja', España se da de bruces contra el muro de la crisis económica más profunda de nuestra historia democrática. Y lo que es aún peor, contra la ineptitud de la peor generación de políticos que nadie pueda recordar.

Hablar de oportunidad perdida resulta, pues, una falacia. Tan grande es el descrédito de la clase política que ni los más optimistas habrían apostado porque algo mínimamente bueno pudiera salir del Parlamento tras esos diálogos de sordos. ¡Y todavía algunos se llenan la boca mencionando a "la Casa del Pueblo"! Los neodéspotas que la usurpan, hoy como antaño, siguen al pie de la letra la memorable sentencia: "Todo para el pueblo, pero sin el pueblo".

La triste figura de un presidente Zapatero intentando justificar lo injustificable de unas medidas que atentan contra los cimientos mismos de la ideología que supuestamente profesa y que, como siempre, se ceban con las clases medias y los trabajadores de esta nación, solo merece un calificativo: ¡patético! Pero igual o aún peor fue el espectáculo ofrecido por el "carismático" y oportunista líder de la oposición haciendo leña del árbol caído y no aportando mejor solución que el reclamo de un adelanto electoral. Es decir, la posibilidad de coger la poltrona para no soltarla, como su oponente, hasta dejar a esta España nuestra más esquilmada que los caladeros de atún rojo del Mediterráneo.

Y al final todo queda en nada, algo habitual desde hace mucho. La "Casta", como muy acertadamente definiera don Arturo Pérez Reverte a estos politicuchos del siglo XXI, continúa tan ajena a los temores y padeceres del pueblo como aquellos otros dirigentes de La Ilustración que los precedieron. Y los medios (que no se van a ir de rositas), tan subordinados a las ideologías políticas como siempre lo han estado, pero a una escala superlativa, pues cada día resulta más utópica la hermosa unión de esos sustantivo y adjetivo que forman 'periodismo' y 'libre'. Y es que si desolador resultó el paisaje pincelado por los "representantes del pueblo", sonrojante han sido los análisis de prensa según provinieran de uno u otro bando, tan divergentes entre sí que parecieran emitidos en universos paralelos.

Por ese motivo, por estos políticos de tres al cuarto que nada aportan, y por estos periodistas que sí que aportan algo, pero solo sus carnets de militantes en este o aquel partido, declaro fervientemente mi agnosticismo político (y no digo ateísmo porque elevaría a estos sinvergüenzas a una "categoría divina" que muchos de ellos, créanlo, ya sienten suya).

FRAN.

jueves, 10 de junio de 2010

Un poco de cordura...

Cuando corren ríos de tinta sobre asuntos tan preocupantes como el de la crisis griega o, más generalmente hablando, sobre la crisis económica mundial, llegamos a un punto de saturación en el que discernir la verdad del asunto puede suponer un sobreesfuerzo intelectual. De hecho, considero prácticamente imposible alcanzar esa utopía de nombre tan altisonante que todos conocemos como 'verdad'. Tal es el galimatías mediático a que nuestro fatigado cerebro se ve sometido.

Así pues, las más de las veces, no nos queda otro remedio en nombre de nuestra salud mental que ir recabando fragmentos dispersos de verdad -o de 'no verdad'-, que podamos ir deglutiendo a un ritmo adecuado a nuestras posibilidades de digestión, e ir procesándolos para su expulsión en distintos espacios donde puedan hallar aceptable acogida. Espacios como este blog, un periódico de los que diariamente pasan por nuestras manos, un foro de internet donde intercambiamos opiniones o, más habitualmente, el bar o café cercano en que compartimos tertulia con los amigos. De seguro casi ninguna conclusión tendremos clara; mucho menos con un sentido práctico en nuestras vidas, pero la inmensa mayoría continuaremos día tras día repitiendo esta 'cadena de la alimentación' que tan satisfecha deja nuestra conciencia como un buen filete nuestro estómago (mis disculpas a los vegetarianos).

Pues bien, poniendo en práctica tan interesante ejercicio, hoy me topé con un muy recomendable vídeo que un buen amigo tuvo a bien compartir conmigo (tras su propia reflexión personal que lo indujo a considerarlo digno de divulgar). Trata sobre una sesión de la Eurocámara de representantes en torno al asunto griego y está protagonizado por un parlamentario francés del grupo Europe Écologie de nombre Daniel Cohn-Bendit. Su contenido, a mi parecer, no tiene desperdicio y desde luego pone a cada uno en su sitio haciendo suya la máxima de 'los puntos sobre las íes'. Dura algo más de seis minutos y, si disponen de ellos, l@s animo a verlo.



Por un poco de cordura entre tanta... estupidez.

FRAN.

domingo, 17 de enero de 2010

La destrucción de Haití

A veces resulta incomprensible de asimilar la facilidad con que algo, aún un país entero, puede quedar reducido a la nada en contraste con los enormes esfuerzos que requiere toda construcción emprendida por el hombre. Haití es el último y más trágico ejemplo de esta máxima. Un terremoto, apenas unos segundos de nuestra vida y todo lo que conocemos se evapora dejando tras de sí una estela de destrucción y caos.

Haití era un estado fallido, un país que hacía aguas por todas partes casi desde el mismo momento de su independencia. Uno de los rincones más pobres y olvidados del planeta pese a ubicarse en el rico y desarrollado norte, a apenas un puñado de millas de la nación más poderosa y próspera de la Tierra. Sus escasas infraestructuras y su carencia de prácticamente todo lo convertían en un objetivo demasiado apetitoso para el cruel destino de la humanidad, ese que cada cierto tiempo se empeña en recordarnos nuestra insignificancia en manos de una naturaleza que no tiene piedad con las infinitas piezas que la componen. Clamamos contra tamaña injusticia, pero a escala cósmica nuestro grito -el grito de los haitianos- no es siquiera un susurro. La arrogancia humana que en no pocas ocasiones nos hace sentir dioses recibe estos hachazos de humildad que nos hacen despertar de golpe de nuestro ensueño divino.

Haití ya no existe. Todo lo que fue pereció en esos interminables segundos. Pero Haití volverá a existir. Porque la humanidad, pese a sus infinitos defectos, también alberga innumerables virtudes. La misma arrogancia que es pecado capital tantas veces se transforma otras tantas en orgullo por las capacidades de nuestra especie y una muy destacable es la de reconstrucción. Costará muchísimo pero Haití será reconstruido si hay voluntad puesta en ello. Y parece que, de momento, la hay. Mi único deseo es que los millones de actos solidarios con su pueblo no queden reducidos a pura campaña de marketing para lavar conciencias durante el escaso tiempo que esta tragedia ocupe espacio en los medios. Pues ese es otro pecado, no capital, pero sí muy actual del hombre, la facilidad que tenemos para olvidar.

FRAN.

El Síndrome del Coronel Tapioca

Hace treinta y dos años desaparecí en la frontera entre Sudán y Etiopía. En realidad fueron mi redactor jefe, Paco Cercadillo, y mis compañeros del diario Pueblo los que me dieron como tal; pues yo sabía perfectamente dónde estaba: con la guerrilla eritrea. Alguien contó que había habido un combate sangriento en Tessenei y que me habían picado el billete. Así que encargaron a Vicente Talón, entonces corresponsal en El Cairo, que fuese a buscar mi fiambre y a escribir la necrológica. No hizo falta, porque aparecí en Jartum, hecho cisco pero con seis rollos fotográficos en la mochila; y el redactor jefe, tras darme la bronca, publicó una de esas fotos en primera: dos guerrilleros posando como cazadores, un pie sobre la cabeza del etíope al que acababan de cargarse.

Lo interesante de aquello no es el episodio, sino cómo transcurrió mi búsqueda. La naturalidad profesional con que mis compañeros encararon el asunto. Conservo los télex cruzados entre Madrid y El Cairo, y en todos se asume mi desaparición como algo normal: un percance propio del oficio de reportero y del lugar peligroso donde me tocaba currar. En las tres semanas que fui presunto cadáver, nadie se echó las manos a la cabeza, ni fue a dar la brasa al ministerio de Asuntos Exteriores, ni salió en la tele reclamando la intervención del Gobierno, ni pidió que fuera la Legión a rescatar mis cachos. Ni compañeros, ni parientes. Ni siquiera se publicó la noticia. Mi situación, la que fuese, era propia del oficio y de la vida. Asunto de mi periódico y mío. Nadie me había obligado a ir allí.

Mucho ha cambiado el paisaje. Ahora, cuando a un reportero, turista o voluntario de algo se le hunde la canoa, lo secuestran, le arreglan los papeles o se lo zampan los cocodrilos, enseguida salen la familia, los amigos y los colegas en el telediario, asegurando que Fulano o Mengana no iban a eso y pidiendo que intervengan las autoridades de aquí y de allá –de sirios y troyanos, oí decir el otro día–. Eso tiene su puntito, la verdad. Nadie viaja a sitios raros para que lo hagan filetes o lo pongan cara a la Meca, pero allí es más fácil que salga tu número. Ahora y siempre. Si vas, sabes a dónde vas. Salvo que seas idiota. Pero en los últimos tiempos se olvida esa regla básica. Hemos adquirido un hábito peligroso: creer que el mundo es lo que dicen los folletos de viajes; que uno puede moverse seguro por él, que tiene derecho a ello, y que Gobiernos e instituciones deben garantizárselo, o resolver la peripecia cuando el coronel Tapioca se rompe los cuernos. Que suele ocurrir.

Esa irreal percepción del viaje, las emociones y la aventura, alcanza extremos ridículos. Si un turista se ahoga en el golfo de Tonkín porque el junco que alquiló por cinco dólares tenía carcoma, a la familia le falta tiempo para pedir responsabilidades a las autoridades de allí –imagínense cómo se agobian éstas– y exigir, de paso, que el Gobierno español mande una fragata de la Armada a rescatar el cadáver. Todo eso, claro, mientras en el mismo sitio se hunde, cada quince días, un ferry con mil quinientos chinos a bordo. Que busquen a mi Paco en la Amazonia, dicen los deudos. O que nos indemnicen los watusi. Lo mismo pasa con voluntarios, cooperantes y turistas solidarios o sin solidarizar, que a menudo circulan alegremente, pisando todos los charcos, por lugares donde la gente se frota los derechos humanos en la punta del cimbel y una vida vale menos que un paquete de Marlboro. Donde llamas presunto asesino a alguien y tapas la cara de un menor en una foto, y la gente que mata adúlteras a pedradas o frecuenta a prostitutas de doce años se rula de risa. Donde quien maneja el machete no es el indígena simpático que sale en el National Geographic, ni el pobrecillo de la patera, ni te reciben con bonitas danzas tribales. Donde lo que hay es hambre, fusiles AK-47 oxidados pero que disparan, y televisión por satélite que cría una enorme mala leche al mostrar el escaparate inalcanzable del estúpido Occidente. Atizando el rencor, justificadísimo, de quienes antes eran más ingenuos y ahora tienen la certeza desesperada de saberse lejos de todo esto.

Y claro. Cuando el pavo de la cámara de vídeo y la sonrisa bobalicona se deja caer por allí, a veces lo destripan, lo secuestran o le rompen el ojete. Lo normal de toda la vida, pero ahora con teléfono móvil e Internet. Y aquí la gente, indignada, dice qué falta de consideración y qué salvajes. Encima que mi Vanessa iba a ayudar, a conocer su cultura y a dejar divisas. Y sin comprender nada, invocando allí nuestro código occidental de absurdos derechos a la propiedad privada, la libertad y la vida, exigimos responsabilidades a Bin Laden y gestiones diplomáticas a Moratinos. Olvidando que el mundo es un lugar peligroso, lleno de hijos de puta casuales o deliberados. Donde, además, las guerras matan, los aviones se caen, los barcos se hunden, los volcanes revientan, los leones comen carne, y cada Titanic, por barato e insumergible que lo venda la agencia de viajes, tiene su iceberg particular esperando en la proa.

Publicado por Arturo Pérez-Reverte en XLSemanal (Nº 1159. Del 10 al 16 de enero de 2010).

lunes, 28 de diciembre de 2009

El venerable silencio de los bancos

Hoy me encontraba aguardando mi turno en la cola del banco cuando, de repente, una pregunta asaltó a mi mente: ¿por qué todo el mundo susurra en este lugar? Y es que, resulta lógico que las personas que se encuentran siendo atendidas por el personal de la oficina, dado el carácter financiero de los tratos a realizar, guarden un cierto recato y moderen su volumen de voz. Pero por qué hacen lo propio aún los últimos de atrás en la cola, aquellos que casi se sitúan junto a la puerta de entrada -o salida- y en nada deberían preocuparse porque las personas cercanas escuchen sus intrascendentes conversaciones.

Enseguida me puse a elucubrar, posiblemente por el aburrimiento debido a la tediosa espera, una respuesta convincente a la cuestión, y aunque no sean más que desvaríos propios de un momento ocioso, he creído interesante compartirlos en este espacio. Así pues, el pensamiento esencial que alumbró en mi cabeza fue el del 'Banco' como moderno templo de ceremonias heredero de la tradición eclesial. Dicho así suena un tanto rimbombante, pero no lo es tanto si se argumenta adecuadamente. Porque a nadie se escapa que la Iglesia hace mucho que perdió el lugar de honor en la sociedad del que gozó en épocas pretéritas. Y no precisamente por sus propios errores -que los ha cometido, y muchos-, sino por la propia evolución de esa misma sociedad desde un estadio previo en que la vida espiritual era fundamental hasta un estadio actual en que lo material ha ocupado su lugar. Este progresivo cambio que ha ido desacralizando paulatinamente los otrora espacios sagrados incuestionables podría haber dejado un vacío psicológico en el inconsciente colectivo de la sociedad. Un vacío que, también inconscientemente, habríamos ido rellenando con nuevos espacios a los que dotar de ese 'aura' de veneración que tuvieron los recintos religiosos, y que no habría encontrado mejor depositario que el edificio donde el nuevo dios de la modernidad, el dinero, tiene su morada.

Los bancos se convierten, de esta manera, en el sustituto de las iglesias como lugares donde llevar a cabo el principal de los ceremoniales en que participamos de nuestra sociedad, es decir, la transacción económica. Y por todo ello, y por el ancestral respeto que hacia estos actos, antes litúrgicos, ahora económicos, mostrábamos y continuamos mostrando consciente o inconscientemente, es por eso que susurramos en vez de hablar en el interior de una entidad bancaria.

FRAN.

martes, 8 de diciembre de 2009

Chantaje en Vigo

Vigo. O sea, Galicia. España. Estado moderno –dicho sea lo de Estado con las cautelas oportunas–. Democracia constitucional con supuestos derechos y libertades de cada cual. En mi casa mando yo, resumiendo. Y mi amigo Manolo, que es un ingenuo y se lo cree, necesita cubrir un puesto de auditor. Es una oferta seria y bien remunerada. Así que publica un anuncio en la prensa local: «Se necesita auditor para empresa solvente». Y empieza el circo.

La cosa se encarna en inspectora de Trabajo y Asuntos Sociales, con todas sus letras. Hola, buenas, dice la pava. ¿Cómo es que solicitan ustedes un auditor, y no un auditor o una auditora? Mi amigo, que es hombre culto, conoce las normas de la Real Academia en particular y de la lengua española en general, y no trinca de la corrección política ni de la gilipollez pública, como otros, argumenta que auditor es masculino genérico, y que su uso con carácter neutro engloba el masculino y el femenino desde Cervantes a Vargas Llosa, más o menos. No añade, porque es chico educado y tampoco quiere broncas, que no es asunto suyo, ni de su empresa, que una pandilla de feminazis oportunistas, crecidas por el silencio de los borregos, la ignorancia nacional y la complicidad de una clase política prevaricadora y analfabeta, necesite justificar su negocio de subvenciones e influencias elevando la estupidez a la categoría de norma, y violentando a su conveniencia la lógica natural de un idioma que, aparte de ellas, hablan cuatrocientos millones de personas en todo el mundo. Olvidando, de paso, que la norma no se impone por decreto, sino que son el uso y la sabiduría de la propia lengua hablada y escrita los que crean esa norma; y que las academias, diccionarios, gramáticas y ortografías se limitan a registrar el hecho lingüístico, a fijarlo y a limpiarlo para su común conocimiento y mayor eficacia. Porque no es que, como afirman algunos tontos, las academias sean lentas y vayan detrás de la lengua de la calle. Es que su misión es precisamente ésa: ir detrás, recogiendo la ropa tirada por el suelo, haciendo inventario de ésta y ordenando los armarios.

Pero volvamos a Vigo. A los pocos días de la visita de la inspectora mentada, Manolo recibe un oficio, o diligencia, donde «se requiere a la empresa la subsanación de las ofertas vigentes y la realización de las futuras o bien en términos neutros, o bien referida simultáneamente a trabajadores de ambos sexos». Dicho en corto –aparte la ausencia de coma tras futuras y la falta de concordancia de referida–: o en el futuro pide auditor o auditora, con tres palabras en vez de una, en anuncios que se cobran precisamente por palabras, o deberá atenerse a las consecuencias. Y a mi amigo, claro, se lo llevan los diablos. «O es un chantaje feminista más –se lamenta–, o mi anuncio despista de verdad, y algunas mujeres ignorantes o estúpidas creen que no pueden optar a ese puesto de trabajo. Lo que sería aún más grave. Si lo que tanta idiotez de género ha conseguido es que, al final, una mujer crea que ofrecer un trabajo de auditor es sólo para hombres y no para ella, todo esto es una puñetera mierda.» Etcétera.

El caso es que, resuelto a defender su derecho de anunciarse en correcto castellano, Manolo se pone en contacto con los servicios jurídicos del Ministerio de Igualdad, donde una abogada razonable, competente y muy amable –lo hago constar para los efectos oportunos–, le dice que, con la ley de Igualdad en la mano, la inspectora de Vigo «puede haber creído detectar» discriminación en el anuncio, y que la empresa se expone a una sanción futura si no rectifica. «¿Entonces, la legalidad o ilegalidad de mi anuncio depende de la opinión particular de cualquier funcionario que lo lea, por encima de la Real Academia Española?», pregunta Manolo. «Más o menos», responde la abogada. «¿Y qué pasaría si yo recurriese legalmente, respaldado por informes periciales de lingüistas o académicos?», insiste mi amigo. «Pasaría –es la respuesta– que tal vez ganase usted. Pero eso dependería del juez.»

Es inútil añadir que, ante la perspectiva de un procedimiento judicial de incierto resultado, que iba a costarle más que las dos palabras suplementarias del anuncio, Manolo ha cedido al chantaje, y lo de auditor a secas se lo ha comido con patatas. «Auditor, auditora y auditoro con miembros y miembras», creo que pone ahora. Con mayúsculas. Tampoco está el patio para defensas numantinas. Esto es España, líder de Europa y pasmo de Occidente: el continuo disparate donde la razón vive indefensa y cualquier imbecilidad tiene su asiento. Como dice el pobre Manolo, «lo mismo voy a juicio, colega, me toca una juez feminista y encima me jode vivo». Intento consolarlo diciéndole que peor habría sido, en vez de auditor, necesitar otra cosa. Un albañil, por ejemplo. O albañila.

Publicado por Arturo Pérez-Reverte en XLSemanal (Nº 1154. Del 6 al 12 de diciembre de 2009).

jueves, 3 de diciembre de 2009

En defensa de los derechos fundamentales en Internet

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial –un organismo dependiente del ministerio de Cultura–, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Si quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Sobre la nueva ley del aborto

Uno de los asuntos más candentes en la opinión pública española vio el fin de un nuevo episodio este pasado jueves, cuando el Consejo de Ministros aprobó el anteproyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo y Salud Sexual y Reproductiva.

La polémica reforma de la ley actual contempla el aborto libre hasta la semana 14, plazo que podría verse ampliado hasta la 22 en caso de riesgo para la vida o salud de la mujer, e incluso sin límite de tiempo en caso de graves anomalías en el feto. Aparte de ello, también permite a las mujeres de entre 16 y 18 años, quizás el aspecto más controvertido y criticado, tomar la decisión de interrumpir su embarazo sin contar con la autorización de los padres.

Además, la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) será una prestación pública y gratuita que el Estado se encargará de velar por su cumplimiento en todas las provincias de nuestra geografía.

Por otra parte, las mujeres que decidan abortar en el ejercicio de este derecho, recibirán un sobre cerrado con toda la información que necesitan conocer sobre los pros y contras de la intervención y los centros donde pueden hacerla, así como las ayudas que percibirían en caso de que prefirieran continuar con la gestación.

Finalmente, serán obligatorios tres días de reflexión desde la petición de intervención, y una vez que las mujeres hayan percibido toda la información al respecto, antes de que esta sea aprobada por las autoridades sanitarias, lo que, en palabras de la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, "garantiza a las mujeres la posibilidad de tomar una decisión libre e informada sobre la interrupción del embarazo dentro de las primeras 14 semanas".

Así pues, las diferencias sustanciales con la ley vigente son las que remiten a los plazos, pues la actual es una ley de indicaciones, que limita los supuestos despenalizados de aborto a tres; a saber: si el embarazo es fruto de una violación (permitiéndose en las 12 primeras semanas de gestación), si el feto presenta graves taras físicas o psíquicas (con un plazo de 22 semanas) o si hay peligro para la vida de la madre o para su salud física o psíquica (sin límite de tiempo máximo).

Con todos estos presupuestos, esta ley promete convertirse en un nuevo epicentro del debate entre conservadores y progresistas dentro de nuestra sociedad. Los unos centrando sus críticas sobre la negación del derecho a la vida de los fetos, y los otros en la defensa de los derechos inalienables de las mujeres a decidir cómo actuar en su cuerpo. Y esto no ha hecho más que empezar, puesto que los trámites por los que aún ha de pasar este anteproyecto son diversos antes de que pueda convertirse en ley aprobada.

En lo único que sí parece habrá consenso es en el tema de las menores de edad, en cuyo caso anticipamos que las enmiendas de distintos grupos políticos habrán de prosperar, a nuestro entender, acertadamente, cambiando la propuesta actual por otra en que el conocimiento de los padres de la situación de sus hijas sea indispensable antes de que estas puedan elegir abortar.

Lo cierto es que el ruido de los tambores de guerra es ya ensordecedor y, una vez más, el debate político, lamentablemente, niega el protagonismo a aquellos en quienes debiera recaer: los médicos. Pues ellos y no otros son los profesionales cualificados para opinar sobre este delicado asunto. Desde luego que juristas, religiosos y políticos tendrán mucho que decir, pero es el personal sanitario quién más conoce los pormenores de esta práctica y quien, con la ciencia como guía, tendría que tener la capacidad de decidir cómo llevar a cabo esta reforma.

En fin, los próximos meses verán vertirse ríos de tinta sobre esta cuestión que, de una u otra manera, a nadie deja indiferente, y en torno a la que todos tenemos opiniones extraordinariamente divergentes. Pues ya se escucha en el aire la pregunta sin respuesta –o la del millón de respuestas–: ¿en qué preciso instante comienza una nueva vida?

FRAN.

lunes, 23 de noviembre de 2009

5000 búsquedas de inspiración en la Luna

Cuando allá por diciembre de 2006 comenzaba la pequeña aventura de este blog, aún tímidamente, no me imaginaba que podría alcanzar las 5000 visitas ni los 15 lectores de media diarios, unas cifras que muchos considerarán modestas, pero que para mí suponen toda una recompensa a los objetivos que en su momento me marqué: transmitir mis inquietudes en torno a una serie de temas de interés personal y general, y crear un espacio donde poder debatir libremente sobre ellos.

Desde entonces han pasado tres largos años llenos de acontecimientos que han tenido su eco en mayor o menor medida en el blog, con altibajos en su funcionamiento debidos a la imposibilidad, muchas veces, de compaginar mis otras ocupaciones con la dedicación que le hubiera querido prestar. Tres años en los que sus contenidos y su aspecto visual han ido cambiando hasta adquirir una personalidad propia y definida, y en cuya evolución, a mi modesto entender, ha radicado buena parte del interés que suscita en quienes, día a día, lo visitan.

En este tiempo también cambió su nombre del original “Universo de Frangarod”, que aún se puede leer en el encabezamiento, en un plano inferior, por el que ha tomado su relevo, “Lo que la Luna le cuenta a un gato”, y que debemos a la sapiencia de un gato encantado de la Luna, incorporación de lujo en este año 2009 a este rinconcito de la red. Y es que gracias al que se ha convertido en infatigable compañero de veladas nocturnas frente a la pantalla de mi ordenador, yo mismo he aprendido mucho de lo que ese maravilloso astro tiene que contar a quienes de corazón desean escuchar.

¿Y el futuro? ¿quién lo sabe? Sí sé que nos gustaría continuar mucho tiempo con todos ustedes, amigos, conocidos y desconocidos que se han interesado por este espacio y lo que alberga. Pensamos introducir algunos cambios que esperamos renueven su interés en nuestra página. Pero, sobre todo, seguiremos compartiendo todo aquello que creemos merece ser compartido e incentivando, si acaso es posible, una mayor participación a través de sus comentarios, verdadera fuente de enriquecimiento de todo blog.

Gracias por estar ahí.

viernes, 2 de octubre de 2009

Todos con Madrid


jueves, 1 de octubre de 2009

Un estudiado toque de abandono

En mis tiempos de repórter Tribulete, cuando los de la vieja y extinta tribu todavía andábamos por los aeropuertos, los hoteles y la vida con una máquina de escribir portátil a cuestas, mi vieja Olivetti Lettera 32 con pegatina del diario Pueblo –todavía debe de estar en algún rincón del trastero– tenía por dentro de la funda un rótulo escrito a mano con la frase: «Cada día puede conmemorarse el centenario de alguna atrocidad». La reflexión sigue siendo válida, creo, para las atrocidades y para muchas cosas más. Hace pocos días, comentando el asunto con un viejo compañero de excursiones, parafraseó éste: «Y de alguna gilipollez». Me pareció oportuna la variante, y para confirmarlo decidí hacer un experimento. Seguro, dije, que si encendemos ahora la tele y zapeamos cinco minutos, o abrimos un periódico o una revista, damos en seguida con alguna gilipollez gorda, hermosa. Bien alimentada. Y tampoco es que la cosa rastreadora tenga mucho mérito. Por alguna singular razón que compete a los sociólogos, nunca fue tan desmesurada la cantidad de gilipolleces circulantes, acogidas con ávido entusiasmo por el personal, siempre dispuesto a apropiárselas. En ciertos ambientes y lugares, echas una gilipollez cualquiera al aire, entre la gente, y no toca el suelo.

Pero no quiero desviarme del asunto, que la página es corta y la vida, breve. Vayamos al grano. Y el grano es que abrí, en efecto, una revista al azar. O casi. Puesto a ser sincero, no la abrí exactamente al azar; pues procuré elegir una publicación –buenísima, por cierto– de arquitectura y diseño. Así que en cierto modo jugaba, vieja puta del oficio papelero como soy, con cartas marcadas. Pero lo cierto, y eso puedo jurarlo por el cetro de Ottokar –ya saben: Eih bennek, eih blavek–, es que las páginas las pasé al azar, mirando por aquí y por allá. Por supuesto, no quedé defraudado. Allí estaba la gilipollez de ese día, rutilante como ella sola. Redonda, compacta y sin poros. Triunfante a toda página y con titular gordo. Procurando, como todas las buenas gilipolleces sin complejos, no pasar inadvertida.

Lamento, como ocurre a menudo, no poder ilustrar esta página con las fotos correspondientes; pero haré lo que pueda, que para eso cobro por darle a la tecla. El caso es que el asunto –«Actualidad decó, las últimas novedades para estar al día»– iba de muebles supermegapuestos y modernos, oyes. Con diseño divino de la muerte súbita. Todo eran sillones, sillas y sofás –sofases, que se dice ahora–. Y el consejo maestro, que reclamaba mármol a gritos, ayudaba a situar la novedad en el contexto adecuado: «En tiempos de crisis no sólo hay que ser pobre, sino parecerlo». Ahora, dejando aparte las ganas naturales que a muchos de ustedes, como a mí, les habrán entrado de masacrar y colgar de una farola al ingenioso autor de la frase, échenme una mano, porfa, y procuren representarse mentalmente diversos modelos y estilos de muebles clásicos y modernos, tapizados todos ellos con telas cutres y remendadas: sacos, arpilleras, retales guarros, zurcidos bastos y costuras deshechas, con los hilos rotos. Todo lleno de desgarrones, con el detalle encantador, refinado que te vas absolutamente de vareta, colega, de que no es que el tiempo haya dejado ahí sus huellas, sino que asientos y respaldos están rotos a propósito, mostrando los muelles o el relleno interior. Como esas sillas –sitúo geográficamente la cosa– donde algunos se sientan a vender droga a la puerta de una chabola de las Barranquillas, pero en tiendas caras y aflojando una pasta horrorosa. Para que se hagan idea: una silla francesa con el asiento despanzurrado y los muelles fuera cuesta 800 mortadelos; y un sofá de madera tallada, tapizado en tela de saco guarro y con un roto en el respaldo, 6.800 del ala. Tampoco se pierdan, ojo, el texto fascinante con el que se introduce el prodigio: «Maderas decapadas y formas al desnudo para dar a tu casa un estudiado toque de abandono. ¡Entra a saco!».

Así que ya lo saben. Si quieren estar a la última en decó y asombrar a la vecina cuando pase a cotillear, entren a saco. O tomen por él. Tampoco hace falta que sean memos y se gasten la viruta; guárdenla para pagar impuestos al sheriff de Nottingham. Si lo que quieren es dar a su casa un estudiado toque de abandono, pueden apañarse solos. Por ejemplo: tapizando el tresillo, no con sacos de Nitrato de Chile, que a estas alturas de la feria serían excesivamente clásicos, sino con cartones recogidos de noche en las calles y con bolsas de plástico del Corte Inglés. Luego, una vez zurcidos con hilo bramante y cinta adhesiva –más toque de abandono, imposible–, pueden darse unos cuantos navajazos para conseguir el apresto adecuado. El toque final de refinado abandono se añade al saltar un rato encima, pateándolos bien. De paso, imaginen que le patean los huevos al diseñador. Eso ayuda mucho.

Publicado por Arturo Pérez-Reverte en XLSemanal (Nº 1144. Del 27 de septiembre al 3 de octubre de 2009).

domingo, 23 de agosto de 2009

Operación Pandemia

miércoles, 12 de agosto de 2009

La sirena de Kiryat Yam

Insólito pero cierto. La alcaldía de la ciudad israelí de Kiryat Yam ofrece una recompensa de un millón de dólares a quien aporte pruebas irrefutables de que una sirena vive en sus costas.

Al parecer varios testigos han afirmado en los últimos meses haber visto en la zona una "supuesta" sirena dando grandes saltos en el agua y jugando en la superficie del mar antes de sumergirse nuevamente para desaparecer. Así, lo que comenzó siendo un simple rumor ha ido creciendo hasta captar incluso la atención de las autoridades que, bien sea por zanjar definitivamente el asunto o, más posiblemente, por atraer potenciales "friki-turistas" que se dejen unos buenos "cuartos" en la localidad, han ofrecido la cuantiosa -y sorprendente- recompensa. Y parece que este aliciente en tiempos de crisis ya está dando sus frutos, puesto que la pequeña ciudad costera se ha convertido en un auténtico hervidero de curiosos pertrechados con prismáticos y todo tipo de aparatos de visión y armados con potentes cámaras que les permitan captar la instantánea del millón de dólares.

¡Ver para creer!

FRAN.

Información tomada de Yahoo! Noticias.