No existe esponja para lavar el cielo
pero aunque pudieras enjabonarlo
y luego echarle baldes y baldes de mar
y colgarlo al sol para que se seque
siempre faltaría el pájaro en silencio
no existen métodos para tocar el cielo
pero aunque te estiraras como una palma
y lograras rozarlo en tus delirios
y supieras al fin como es al tacto
siempre te faltaría la nube de algodón
no existe un puente para cruzar el cielo
pero aunque consiguieras llegar a la otra orilla
a fuerza de memoria y pronósticos
y comprobaras que no es tan difícil
siempre te faltaría el pino del crepúsculo
eso es porque se trata de un cielo que no es tuyo
aunque sea impetuoso y desgarrado
en cambio cuando llegues al que te pertenece
no lo querrás lavar ni tocar ni cruzar
pero estarán el pájaro y la nube y el pino.
Mario Benedetti.
domingo, 24 de enero de 2010
Otro cielo
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jueves, 21 de enero de 2010
martes, 19 de enero de 2010
Puesta de Sol en Noruega
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domingo, 17 de enero de 2010
La destrucción de Haití
A veces resulta incomprensible de asimilar la facilidad con que algo, aún un país entero, puede quedar reducido a la nada en contraste con los enormes esfuerzos que requiere toda construcción emprendida por el hombre. Haití es el último y más trágico ejemplo de esta máxima. Un terremoto, apenas unos segundos de nuestra vida y todo lo que conocemos se evapora dejando tras de sí una estela de destrucción y caos.
Haití era un estado fallido, un país que hacía aguas por todas partes casi desde el mismo momento de su independencia. Uno de los rincones más pobres y olvidados del planeta pese a ubicarse en el rico y desarrollado norte, a apenas un puñado de millas de la nación más poderosa y próspera de la Tierra. Sus escasas infraestructuras y su carencia de prácticamente todo lo convertían en un objetivo demasiado apetitoso para el cruel destino de la humanidad, ese que cada cierto tiempo se empeña en recordarnos nuestra insignificancia en manos de una naturaleza que no tiene piedad con las infinitas piezas que la componen. Clamamos contra tamaña injusticia, pero a escala cósmica nuestro grito -el grito de los haitianos- no es siquiera un susurro. La arrogancia humana que en no pocas ocasiones nos hace sentir dioses recibe estos hachazos de humildad que nos hacen despertar de golpe de nuestro ensueño divino.
Haití ya no existe. Todo lo que fue pereció en esos interminables segundos. Pero Haití volverá a existir. Porque la humanidad, pese a sus infinitos defectos, también alberga innumerables virtudes. La misma arrogancia que es pecado capital tantas veces se transforma otras tantas en orgullo por las capacidades de nuestra especie y una muy destacable es la de reconstrucción. Costará muchísimo pero Haití será reconstruido si hay voluntad puesta en ello. Y parece que, de momento, la hay. Mi único deseo es que los millones de actos solidarios con su pueblo no queden reducidos a pura campaña de marketing para lavar conciencias durante el escaso tiempo que esta tragedia ocupe espacio en los medios. Pues ese es otro pecado, no capital, pero sí muy actual del hombre, la facilidad que tenemos para olvidar.
FRAN.
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El Síndrome del Coronel Tapioca
Hace treinta y dos años desaparecí en la frontera entre Sudán y Etiopía. En realidad fueron mi redactor jefe, Paco Cercadillo, y mis compañeros del diario Pueblo los que me dieron como tal; pues yo sabía perfectamente dónde estaba: con la guerrilla eritrea. Alguien contó que había habido un combate sangriento en Tessenei y que me habían picado el billete. Así que encargaron a Vicente Talón, entonces corresponsal en El Cairo, que fuese a buscar mi fiambre y a escribir la necrológica. No hizo falta, porque aparecí en Jartum, hecho cisco pero con seis rollos fotográficos en la mochila; y el redactor jefe, tras darme la bronca, publicó una de esas fotos en primera: dos guerrilleros posando como cazadores, un pie sobre la cabeza del etíope al que acababan de cargarse.
Lo interesante de aquello no es el episodio, sino cómo transcurrió mi búsqueda. La naturalidad profesional con que mis compañeros encararon el asunto. Conservo los télex cruzados entre Madrid y El Cairo, y en todos se asume mi desaparición como algo normal: un percance propio del oficio de reportero y del lugar peligroso donde me tocaba currar. En las tres semanas que fui presunto cadáver, nadie se echó las manos a la cabeza, ni fue a dar la brasa al ministerio de Asuntos Exteriores, ni salió en la tele reclamando la intervención del Gobierno, ni pidió que fuera la Legión a rescatar mis cachos. Ni compañeros, ni parientes. Ni siquiera se publicó la noticia. Mi situación, la que fuese, era propia del oficio y de la vida. Asunto de mi periódico y mío. Nadie me había obligado a ir allí.
Mucho ha cambiado el paisaje. Ahora, cuando a un reportero, turista o voluntario de algo se le hunde la canoa, lo secuestran, le arreglan los papeles o se lo zampan los cocodrilos, enseguida salen la familia, los amigos y los colegas en el telediario, asegurando que Fulano o Mengana no iban a eso y pidiendo que intervengan las autoridades de aquí y de allá –de sirios y troyanos, oí decir el otro día–. Eso tiene su puntito, la verdad. Nadie viaja a sitios raros para que lo hagan filetes o lo pongan cara a la Meca, pero allí es más fácil que salga tu número. Ahora y siempre. Si vas, sabes a dónde vas. Salvo que seas idiota. Pero en los últimos tiempos se olvida esa regla básica. Hemos adquirido un hábito peligroso: creer que el mundo es lo que dicen los folletos de viajes; que uno puede moverse seguro por él, que tiene derecho a ello, y que Gobiernos e instituciones deben garantizárselo, o resolver la peripecia cuando el coronel Tapioca se rompe los cuernos. Que suele ocurrir.
Esa irreal percepción del viaje, las emociones y la aventura, alcanza extremos ridículos. Si un turista se ahoga en el golfo de Tonkín porque el junco que alquiló por cinco dólares tenía carcoma, a la familia le falta tiempo para pedir responsabilidades a las autoridades de allí –imagínense cómo se agobian éstas– y exigir, de paso, que el Gobierno español mande una fragata de la Armada a rescatar el cadáver. Todo eso, claro, mientras en el mismo sitio se hunde, cada quince días, un ferry con mil quinientos chinos a bordo. Que busquen a mi Paco en la Amazonia, dicen los deudos. O que nos indemnicen los watusi. Lo mismo pasa con voluntarios, cooperantes y turistas solidarios o sin solidarizar, que a menudo circulan alegremente, pisando todos los charcos, por lugares donde la gente se frota los derechos humanos en la punta del cimbel y una vida vale menos que un paquete de Marlboro. Donde llamas presunto asesino a alguien y tapas la cara de un menor en una foto, y la gente que mata adúlteras a pedradas o frecuenta a prostitutas de doce años se rula de risa. Donde quien maneja el machete no es el indígena simpático que sale en el National Geographic, ni el pobrecillo de la patera, ni te reciben con bonitas danzas tribales. Donde lo que hay es hambre, fusiles AK-47 oxidados pero que disparan, y televisión por satélite que cría una enorme mala leche al mostrar el escaparate inalcanzable del estúpido Occidente. Atizando el rencor, justificadísimo, de quienes antes eran más ingenuos y ahora tienen la certeza desesperada de saberse lejos de todo esto.
Y claro. Cuando el pavo de la cámara de vídeo y la sonrisa bobalicona se deja caer por allí, a veces lo destripan, lo secuestran o le rompen el ojete. Lo normal de toda la vida, pero ahora con teléfono móvil e Internet. Y aquí la gente, indignada, dice qué falta de consideración y qué salvajes. Encima que mi Vanessa iba a ayudar, a conocer su cultura y a dejar divisas. Y sin comprender nada, invocando allí nuestro código occidental de absurdos derechos a la propiedad privada, la libertad y la vida, exigimos responsabilidades a Bin Laden y gestiones diplomáticas a Moratinos. Olvidando que el mundo es un lugar peligroso, lleno de hijos de puta casuales o deliberados. Donde, además, las guerras matan, los aviones se caen, los barcos se hunden, los volcanes revientan, los leones comen carne, y cada Titanic, por barato e insumergible que lo venda la agencia de viajes, tiene su iceberg particular esperando en la proa.
Publicado por Arturo Pérez-Reverte en XLSemanal (Nº 1159. Del 10 al 16 de enero de 2010).
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miércoles, 13 de enero de 2010
After Dark
"Perfil de una gran ciudad.
Captamos esta imagen desde las alturas, a través de los ojos de un ave nocturna que vuela muy alto.
En el amplio panorama, la ciudad parece un gigantesco ser vivo. O el conjunto de una multitud de corpúsculos entrelazados. Innumerables vasos sanguíneos se extienden hasta el último rincón de ese cuerpo imposible de definir, transportan la sangre, renuevan sin descanso las células. Envían información nueva y retiran información vieja. Envían consumo nuevo y retiran consumo viejo. Envían contradicciones nuevas y retiran contradicciones viejas. Al ritmo de las pulsaciones del corazón parpadea todo el cuerpo, se inflama de fiebre, bulle. La medianoche se acerca y, una vez superado el momento de máxima actividad, el metabolismo basal sigue, sin flaquear, a fin de mantener el cuerpo con vida. Suyo es el zumbido que emite la ciudad en un bajo sostenido. Un zumbido sin vicisitudes, monótono, aunque lleno de presentimientos."
Haruki Murakami.
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viernes, 8 de enero de 2010
Un hueco en las nubes
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Lo dijo... Bill Gates
Mi éxito en los negocios ha sido en gran medida el resultado de mi capacidad para concentrarme en objetivos a largo plazo e ignorar las distracciones a corto plazo.
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sábado, 2 de enero de 2010
Sobre el cambio
El hombre santo reunió a sus amigos:
–Estoy viejo –les dijo.
–Y sabio –respondió uno de los amigos.
–Durante todo este tiempo, siempre te vimos rezando. ¿De qué hablas con Dios?
–Al principio, yo tenía el entusiasmo de la juventud. Le pedía a Dios que me diera fuerzas para cambiar la humanidad. Poco a poco empecé a darme cuenta de que esto era imposible y entonces empecé a pedirle a Dios que me diese fuerzas para cambiar a los que estaban a mi alrededor. Ahora que ya soy viejo, mi oración es mucho más sencilla. Le pido a Dios lo que debería haberle pedido desde el principio.
–¿Y qué es eso que le pides? –quiso saber el amigo.
–Le pido ser capaz de cambiarme a mí mismo.
Paulo Coelho.
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jueves, 31 de diciembre de 2009
lunes, 28 de diciembre de 2009
El venerable silencio de los bancos
Hoy me encontraba aguardando mi turno en la cola del banco cuando, de repente, una pregunta asaltó a mi mente: ¿por qué todo el mundo susurra en este lugar? Y es que, resulta lógico que las personas que se encuentran siendo atendidas por el personal de la oficina, dado el carácter financiero de los tratos a realizar, guarden un cierto recato y moderen su volumen de voz. Pero por qué hacen lo propio aún los últimos de atrás en la cola, aquellos que casi se sitúan junto a la puerta de entrada -o salida- y en nada deberían preocuparse porque las personas cercanas escuchen sus intrascendentes conversaciones.
Enseguida me puse a elucubrar, posiblemente por el aburrimiento debido a la tediosa espera, una respuesta convincente a la cuestión, y aunque no sean más que desvaríos propios de un momento ocioso, he creído interesante compartirlos en este espacio. Así pues, el pensamiento esencial que alumbró en mi cabeza fue el del 'Banco' como moderno templo de ceremonias heredero de la tradición eclesial. Dicho así suena un tanto rimbombante, pero no lo es tanto si se argumenta adecuadamente. Porque a nadie se escapa que la Iglesia hace mucho que perdió el lugar de honor en la sociedad del que gozó en épocas pretéritas. Y no precisamente por sus propios errores -que los ha cometido, y muchos-, sino por la propia evolución de esa misma sociedad desde un estadio previo en que la vida espiritual era fundamental hasta un estadio actual en que lo material ha ocupado su lugar. Este progresivo cambio que ha ido desacralizando paulatinamente los otrora espacios sagrados incuestionables podría haber dejado un vacío psicológico en el inconsciente colectivo de la sociedad. Un vacío que, también inconscientemente, habríamos ido rellenando con nuevos espacios a los que dotar de ese 'aura' de veneración que tuvieron los recintos religiosos, y que no habría encontrado mejor depositario que el edificio donde el nuevo dios de la modernidad, el dinero, tiene su morada.
Los bancos se convierten, de esta manera, en el sustituto de las iglesias como lugares donde llevar a cabo el principal de los ceremoniales en que participamos de nuestra sociedad, es decir, la transacción económica. Y por todo ello, y por el ancestral respeto que hacia estos actos, antes litúrgicos, ahora económicos, mostrábamos y continuamos mostrando consciente o inconscientemente, es por eso que susurramos en vez de hablar en el interior de una entidad bancaria.
FRAN.
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jueves, 24 de diciembre de 2009
lunes, 21 de diciembre de 2009
El valioso tiempo de los maduros
"Conté mis años y descubrí
que tengo menos tiempo
para vivir de aquí en adelante
que el que viví hasta ahora.
Me siento como aquel chico
que ganó un paquete de golosinas:
las primeras las comió con agrado,
pero, cuando percibió que quedaban pocas,
comenzó a saborearlas profundamente.
Ya no tengo tiempo
para reuniones interminables
donde se discuten estatutos,
normas, procedimientos
y reglamentos internos,
sabiendo que no se va a lograr nada.
Ya no tengo tiempo
para soportar absurdas personas que,
a pesar de su edad cronológica,
no han crecido.
Ya no tengo tiempo
para lidiar con mediocridades.
No quiero estar en reuniones
donde desfilan egos inflados.
No tolero a maniobreros y ventajeros.
Me molestan los envidiosos
que tratan de desacreditar a los más capaces
para apropiarse de sus lugares,
talentos y logros.
Detesto, si soy testigo,
de los defectos que genera
la lucha por un majestuoso cargo.
Las personas no discuten contenidos,
apenas los títulos.
Mi tiempo es escaso
como para discutir títulos.
Quiero la esencia,
mi alma tiene prisa…
Sin muchas golosinas en el paquete,
quiero vivir al lado de gente humana,
muy humana.
Que sepa reír de sus errores.
Que no se envanezca con sus triunfos.
Que no se considere electa antes de hora.
Que no huya de sus responsabilidades.
Que defienda la dignidad humana.
Y que desee tan sólo andar
del lado de la verdad y la honradez.
Caminar junto a cosas y personas de verdad,
disfrutando de un afecto absoluto y sin fraudes,
nunca será pérdida de tiempo.
Lo esencial es lo que hace
que la vida valga la pena.
Quiero rodearme de gente
que sepa tocar el corazón de las personas.
Gente a quien los golpes duros de la vida,
le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.
Sí…. tengo prisa…
por vivir con la intensidad
que solo la madurez puede dar.
Pretendo no desperdiciar
parte alguna de las golosinas
que me quedan…
Estoy seguro que serán más exquisitas
que las que hasta ahora he comido.
Mi meta es llegar al final
satisfecho y en paz
con mis seres queridos
y con mi conciencia.
Espero que la tuya sea la misma,
porque de cualquier manera
llegarás..."
Mario de Andrade.
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miércoles, 16 de diciembre de 2009
Lo dijo... Fernando Pessoa
Nunca amamos a nadie: amamos, sólo, la idea que tenemos de alguien. Lo que amamos es un concepto nuestro, es decir, a nosotros mismos.
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jueves, 10 de diciembre de 2009
Mucho hay que chupar
"Las que llegan a 80 chupan chiquillos: las que no pasan de 18, chupan a los grandes. Parece que el hombre nace y vive para ser chupado."
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martes, 8 de diciembre de 2009
Puesta de Sol sobre Arafo
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Chantaje en Vigo
Vigo. O sea, Galicia. España. Estado moderno –dicho sea lo de Estado con las cautelas oportunas–. Democracia constitucional con supuestos derechos y libertades de cada cual. En mi casa mando yo, resumiendo. Y mi amigo Manolo, que es un ingenuo y se lo cree, necesita cubrir un puesto de auditor. Es una oferta seria y bien remunerada. Así que publica un anuncio en la prensa local: «Se necesita auditor para empresa solvente». Y empieza el circo.
La cosa se encarna en inspectora de Trabajo y Asuntos Sociales, con todas sus letras. Hola, buenas, dice la pava. ¿Cómo es que solicitan ustedes un auditor, y no un auditor o una auditora? Mi amigo, que es hombre culto, conoce las normas de la Real Academia en particular y de la lengua española en general, y no trinca de la corrección política ni de la gilipollez pública, como otros, argumenta que auditor es masculino genérico, y que su uso con carácter neutro engloba el masculino y el femenino desde Cervantes a Vargas Llosa, más o menos. No añade, porque es chico educado y tampoco quiere broncas, que no es asunto suyo, ni de su empresa, que una pandilla de feminazis oportunistas, crecidas por el silencio de los borregos, la ignorancia nacional y la complicidad de una clase política prevaricadora y analfabeta, necesite justificar su negocio de subvenciones e influencias elevando la estupidez a la categoría de norma, y violentando a su conveniencia la lógica natural de un idioma que, aparte de ellas, hablan cuatrocientos millones de personas en todo el mundo. Olvidando, de paso, que la norma no se impone por decreto, sino que son el uso y la sabiduría de la propia lengua hablada y escrita los que crean esa norma; y que las academias, diccionarios, gramáticas y ortografías se limitan a registrar el hecho lingüístico, a fijarlo y a limpiarlo para su común conocimiento y mayor eficacia. Porque no es que, como afirman algunos tontos, las academias sean lentas y vayan detrás de la lengua de la calle. Es que su misión es precisamente ésa: ir detrás, recogiendo la ropa tirada por el suelo, haciendo inventario de ésta y ordenando los armarios.
Pero volvamos a Vigo. A los pocos días de la visita de la inspectora mentada, Manolo recibe un oficio, o diligencia, donde «se requiere a la empresa la subsanación de las ofertas vigentes y la realización de las futuras o bien en términos neutros, o bien referida simultáneamente a trabajadores de ambos sexos». Dicho en corto –aparte la ausencia de coma tras futuras y la falta de concordancia de referida–: o en el futuro pide auditor o auditora, con tres palabras en vez de una, en anuncios que se cobran precisamente por palabras, o deberá atenerse a las consecuencias. Y a mi amigo, claro, se lo llevan los diablos. «O es un chantaje feminista más –se lamenta–, o mi anuncio despista de verdad, y algunas mujeres ignorantes o estúpidas creen que no pueden optar a ese puesto de trabajo. Lo que sería aún más grave. Si lo que tanta idiotez de género ha conseguido es que, al final, una mujer crea que ofrecer un trabajo de auditor es sólo para hombres y no para ella, todo esto es una puñetera mierda.» Etcétera.
El caso es que, resuelto a defender su derecho de anunciarse en correcto castellano, Manolo se pone en contacto con los servicios jurídicos del Ministerio de Igualdad, donde una abogada razonable, competente y muy amable –lo hago constar para los efectos oportunos–, le dice que, con la ley de Igualdad en la mano, la inspectora de Vigo «puede haber creído detectar» discriminación en el anuncio, y que la empresa se expone a una sanción futura si no rectifica. «¿Entonces, la legalidad o ilegalidad de mi anuncio depende de la opinión particular de cualquier funcionario que lo lea, por encima de la Real Academia Española?», pregunta Manolo. «Más o menos», responde la abogada. «¿Y qué pasaría si yo recurriese legalmente, respaldado por informes periciales de lingüistas o académicos?», insiste mi amigo. «Pasaría –es la respuesta– que tal vez ganase usted. Pero eso dependería del juez.»
Es inútil añadir que, ante la perspectiva de un procedimiento judicial de incierto resultado, que iba a costarle más que las dos palabras suplementarias del anuncio, Manolo ha cedido al chantaje, y lo de auditor a secas se lo ha comido con patatas. «Auditor, auditora y auditoro con miembros y miembras», creo que pone ahora. Con mayúsculas. Tampoco está el patio para defensas numantinas. Esto es España, líder de Europa y pasmo de Occidente: el continuo disparate donde la razón vive indefensa y cualquier imbecilidad tiene su asiento. Como dice el pobre Manolo, «lo mismo voy a juicio, colega, me toca una juez feminista y encima me jode vivo». Intento consolarlo diciéndole que peor habría sido, en vez de auditor, necesitar otra cosa. Un albañil, por ejemplo. O albañila.
Publicado por Arturo Pérez-Reverte en XLSemanal (Nº 1154. Del 6 al 12 de diciembre de 2009).
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viernes, 4 de diciembre de 2009
jueves, 3 de diciembre de 2009
En defensa de los derechos fundamentales en Internet
Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…
1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial –un organismo dependiente del ministerio de Cultura–, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.
Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Si quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.
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martes, 1 de diciembre de 2009
Lo dijo... Gregorio Marañón
Vivir no es sólo existir, sino existir y crear, saber gozar y sufrir, y no dormir sin soñar. Descansar, es empezar a morir.
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