miércoles, 24 de diciembre de 2008
martes, 23 de diciembre de 2008
Break On Through Animated Typography
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lunes, 22 de diciembre de 2008
Lo dijo... Robert Lee Frost
La mitad del mundo tiene algo que decir, pero no puede; la otra mitad no tiene nada que decir, pero no calla.
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domingo, 21 de diciembre de 2008
sábado, 20 de diciembre de 2008
Zapaticidio
Al periodista iraquí Mountazer al-Zaïdi deberían hacerle un monumento en su país. Sus dos "zapatazos" al todavía presidente de los Estados Unidos George W. Bush durante la rueda de prensa que este concedió junto a su homólogo iraquí Nuri Al Maliki al término de su reciente visita a Irak lo hacen acreedor de tal honor. El periodista, además, obsequió al dirigente norteamericano con unas palabras más que merecidas por quien debería (que dudo lo haga) cargar sobre su conciencia con la muerte de centenares de miles de víctimas civiles de una guerra justificada, única y exclusivamente, en la defensa de los intereses económicos y geoestratégicos de su país: "Toma tu beso de despedida, pedazo de perro". Sin embargo, a buen seguro sufrirá las consecuencias por su valentía (a la par que estupidez) en la forma de un castigo ejemplar que no levante las iras del ejército de ocupación, no sea que algún soldado descerebrado de orientación republicana descargue su cólera sobre algún inocente ciudadano iraquí. Es la cruda realidad de su fallido intento de "zapaticidio".
Voy a ser malo: ¡Lástima que no le diera en todo el hocico*!
FRAN.
*Nota: El deliberado uso de la palabra "hocico" pretende aquí recoger la primera acepción que de la palabra aparece en el Diccionario de la RAE, en alusión a la manifiesta animalidad del sujeto en cuestión.
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miércoles, 17 de diciembre de 2008
Mi cuento de Navidad
Como siempre hacía la víspera de Navidad, el rey invitó al primer ministro a dar un paseo por la ciudad. Le gustaba ver cómo adornaban las calles, pero para evitar que sus súbditos se excedieran en los gastos con el objetivo de agasajarlo, solían disfrazarse con ropa de comerciantes que venían de tierras lejanas.
Caminaron por el centro, admirando las guirnaldas de luz, los abetos, las velas encendidas en las entradas de las casas y los puestos de venta de regalos. Todo el mundo, hombres, mujeres y niños, se apresuraba a reunirse con sus familiares para celebrar esa noche en torno a una mesa repleta.
En el camino de regreso pasaron por el barrio más pobre. Allí, el ambiente era completamente distinto: nada de luces, velas, ni el olor apetecible de la comida lista para ser servida en la mesa. No había casi nadie por la calle, y como hacía todos los años, el rey comentó con el ministro que debía prestar más atención a los pobres de su reino. El ministro asintió con la cabeza, convencido de que pronto el asunto sería olvidado de nuevo, enterrado en la burocracia cotidiana, la aprobación de presupuestos y las reuniones con dignatarios extranjeros.
De repente oyeron una música que salía de una de las casas más pobres. La chabola, mal construida, con varias grietas entre las maderas podridas, les permitía ver lo que sucedía en el interior, y comprobaron que la escena que allí se desarrollaba era completamente absurda: un viejo en una silla de ruedas que parecía llorar, una joven completamente calva que bailaba y un muchacho de mirada triste que tocaba un tamborín y cantaba una canción tradicional.
–Voy a ver qué pasa –dijo el rey, y llamó a la puerta. El joven dejó de cantar y fue a abrir.
–Somos mercaderes y buscamos un lugar para dormir. Hemos oído la música, hemos visto que todavía estáis levantados y nos gustaría saber si podríamos pasar aquí la noche.
–Pueden quedarse en algún hotel de la ciudad. Desgraciadamente, no podemos ayudarlos; a pesar de la música, en esta casa reinan la tristeza y el sufrimiento.
–Por mi culpa –era el viejo de la silla de ruedas el que hablaba–. Durante toda mi vida he intentado darle educación a mi hijo para que aprendiese caligrafía, para que fuese uno de los escribas del palacio. Sin embargo, los años pasaban y no volvieron a ofertarse nuevas plazas.
Hasta que anoche tuve un sueño estúpido: un ángel aparecía y me pedía que comprara una copa de plata, ya que el rey iba a venir a visitarme, a beber un poco y a conseguir un empleo para mi hijo. La presencia del ángel me pareció tan real que decidí hacer lo que me decía. Como no tenemos dinero, mi nuera fue esta mañana al mercado, vendió su pelo y compramos esa copa de ahí. Ahora intentan levantarme el ánimo, cantando y bailando porque es Navidad, pero es inútil.
El rey vio la copa de plata, pidió que le sirvieran un poco de agua porque tenía sed y, antes de marcharse, le dijo a la familia:
–¡Qué coincidencia! Hoy mismo hemos estado con el primer ministro y nos ha dicho que las plazas se van a ofertar la semana que viene.
El viejo sacudió la cabeza con incredulidad y se despidió de los extranjeros. Pero al día siguiente fue leído un decreto real por todas las calles de la ciudad: buscaban un nuevo escriba para la corte.
El día previsto, la sala de audiencias estaba atestada de gente deseosa de competir por tan ansiado cargo. Cuando el primer ministro entró, les pidió a todos que prepararan sus cuadernos y sus bolígrafos.
–Éste es el tema de la disertación –dijo–: ¿Por qué un anciano llora, una mujer calva baila y un muchacho triste canta?
Un murmullo de asombro recorrió la sala: ¡nadie sabía contar una historia como ésa! Nadie, salvo un joven con ropa humilde, sentado en un rincón de la sala, que sonrió y empezó a escribir. (Basado en un cuento indio)
Publicado por Paulo Coelho en XLSemanal (Nº 1103. Del 14 al 20 de diciembre de 2008).
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martes, 16 de diciembre de 2008
La aventura de viajar
"Cuando en cierta ocasión pregunté a una muchacha saharaui qué significaba para ella la palabra paz, me respondió: 'Tener un frigorífico y una lavadora'. En Etiopía, un taxista me dijo: 'África está llena de niños listos y adultos tontos. La miseria embrutece'. Navegando el río Congo, un pasajero del que me hice amigo, que iba desde Kinshasa al lejano pueblo de Boma para ejercer un empleo de ingeniero agrónomo, me dijo alegremente: 'Lo más humillante que puede sucederle a un hombre es no poder trabajar en lo que de verdad conoce. Yo me gradué en Bruselas con veinticuatro años de edad y tengo ahora cincuenta. He vivido humillado veintiséis. Pero por fin voy a ser yo mismo'.
En un campamento de prisioneros marroquíes, el saharaui Ahmed Du me llevó a hablar con algunos de ellos. Los trataba con extrema cortesía y yo le mostré mi aprecio por la forma tan generosa que tenía de dirigirse a sus enemigos. Él me respondió: 'Un prisionero no es un enemigo; es un hombre vencido'. Maidole, la bonita niña nicaragüense de Jalapa, me preguntó una vez: '¿Cómo es un país sin guerra, señor?'. En fin, encontré a una mujer en Split cuyo marido se encontraba en el Sarajevo cercado por los serbios radicales. Cuando supo que iba a ir a la ciudad, me pidió que le llevara a su esposo una bolsa con alimentos. Además de eso, me dio doscientos marcos alemanes para él, el único dinero que poseía. Yo le dije: 'Señora, usted no me conoce, puedo quedarme con el dinero y no buscar a su marido'. Ella me respondió: 'En este país nos hemos acostumbrado a confiar en los desconocidos y a desconfiar de los conocidos'.
Viajando, aprendí mucho sobre la miseria, la tristeza y el dolor, pero también sobre la generosidad, la dignidad y la fe. Y decidí que eran estas cosas sobre las que quería escribir y para las que el periodismo me resultaba insuficiente."
Javier Reverte.
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Etiquetas: Fragmentos, Literatura
jueves, 11 de diciembre de 2008
Lo dijo... Paulo Coelho
Todos los días Dios nos da un momento en que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices. El instante mágico es el momento en que un sí o un no pueden cambiar toda nuestra existencia.
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martes, 2 de diciembre de 2008
Capturar el viento
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Etiquetas: Audiovisuales, Publicidad
