¿Cómo empiezan las guerras? Pregunta extraordinariamente simple de respuesta extraordinariamente compleja, ¿o no tanto? A veces una máquina tan cotidiana como un pequeño cortacésped puede ser el detonante. Parafraseando a Albert Einstein: "Sólo estoy seguro de la infinitud de una cosa: la estupidez humana". Si no lo creen, admiren esta genial metáfora rosa.
FRAN.
sábado, 28 de febrero de 2009
Sabiduría rosa
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Etiquetas: Animación, Audiovisuales, Reflexiones
jueves, 26 de febrero de 2009
Presto
Doug Sweetland, animador de las películas Toy Story, Monstruos S.A. y Buscando a Nemo, nos obsequia con esta pequeña joya de la animación denominada Presto, a sumar al ya amplio tesoro cinematográfico que se acumula bajo el sello de Pixar Animation Studios. El corto está protagonizado por un mago y su conejo, y la relación entre ambos recuerda a otras "tortuosas amistades" como las que mantienen, sobre todo, algunos personajes de Looney Tunes, especialmente el Correcaminos y el Coyote, o Bugs Bunny con los gruñones Elmer y el Pato Lucas. En cualquier caso, la calidad de la animación es magnífica, y la interminable sucesión de gags como para desternillarse de risa. Pero no me extiendo con más explicaciones, ¡véanlo ustedes mismos!
FRAN.
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domingo, 22 de febrero de 2009
Llueve sobre mojado (tipográfico)
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viernes, 20 de febrero de 2009
El mejor trabajo del mundo
¿Les gustaría trabajar en una paradisíaca isla tropical junto a la costa de Australia durante seis meses? ¿les gustaría, además, ganar 150.000 dólares como remuneración por dicho trabajo? ¿y qué contestarían si su labor no fuera otra que explorar los fondos marinos del lugar, efectuar algunos "pequeños trabajos" de mantenimiento y alimentar cada semana un blog con fotos y vídeos? Suena tentador, ¿no es así? Pues ésta es la propuesta que ha lanzado el Departamento de Turismo del Estado de Queensland a personas de todo el mundo con el fin de promocionar la Isla de Hamilton, la Gran Barrera de Coral y las playas tropicales de Queensland. Los únicos requisitos, ser buen nadador, tener facilidad para comunicarse y estar capacitado para leer y escribir en inglés.
Hasta el momento el número de solicitudes se eleva a más de 18.000 procedentes de hasta 200 países distintos, pero aún están a tiempo de enviar la suya si sueñan con playas de aguas cristalinas y fina arena blanca, pues el plazo expira el próximo 22 de febrero. Más tarde, el 2 de marzo, se dará a conocer una lista con los once candidatos finalistas a los que se entrevistará para determinar quien resulta ganador del concurso, algo que no sucederá hasta el 6 de mayo de 2009.
Para los interesados, pinchen aquí.
FRAN.
Fuente: Yahoo! Noticias.
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domingo, 15 de febrero de 2009
Abrazos gratis
En el año 2004, Juan Mann (seudónimo cuya fonética coincide con One Man, "un hombre") regresa a Australia, su país natal. Una vez allí, el sentimiento de soledad comienza a invadirlo, sus padres acababan de divorciarse, se había separado de su prometida y su abuela había fallecido.
Para animarse decide ir a una fiesta, donde una desconocida le regala un abrazo, "Me sentí como un rey, fue lo mejor que me ha pasado nunca", así describiría ese momento tiempo después, en una de las pocas entrevistas que hay de este personaje. Con ese sentimiento, un 30 de junio, decide salir a repartir abrazos a la gente que transitaba por Pitt Mall Street en Sidney.
Así fue como conoció a Shimon Moore, quien grabó al protagonista abrazando y el intento frustrado de la policía de prohibir los abrazos gratis. Precisamente, sería ese video alojado en Youtube, el que llevaría una simple actitud a transformarse en todo un movimiento a nivel mundial, conocido como Free Hugs Campaign o Abrazos Gratis entre los hispanohablantes.
Actualmente, el movimiento continúa por todo el mundo, y en Youtube se alojan centenares de vídeos creados por los abrazadores que simplemente pretenden compartir sus experiencias con más gente.
Extraído de Wikipedia.
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viernes, 13 de febrero de 2009
Quercus: Calentamiento Global
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Una de Panchitos
Cada vez que voy al Museo Naval paso junto al cuartel general de la Armada, donde los infantes de marina, vestidos con uniforme de camuflaje, siempre son tipos con cara de indio. Eso me dispara la sonrisa cómplice, recordándome Nicaragua y El Salvador, cuando fulanos idénticos a éstos, con uniformes parecidos, se daban estopa con valor y crueldad inauditos. A pesar de las apariencias, esos tíos bajitos con cara de llamarse Atahualpa son extraordinarios soldados, bravos hasta lo increíble, duros y orgullosos de cojones. Lo que pasa es que como son chiquitos y con ese hablar suave, despistan. Sobre todo si van en moto de mensaka con el casco a lo Pericles, o pasean el domingo con la familia por el parque del Oeste. El golpe de vista engaña mucho. Pero quien sepa leer en los ojos de la gente, que los mire bien. Y si no, que lea a Bernal Díaz del Castillo.
Esto viene al hilo de una carta reciente. Comentando un artículo mío, en el que contaba cómo un comanche pasado de agua de fuego me llamó cabrón y del Pepé por llevar corbata, un lector torpe interpretando sujeto, verbo y predicado, concluye con la siguiente frase: «Hay que joderse con los panchitos». Y para qué los voy a engañar. Ese equivocado compadreo me fastidia un poco. Sobre todo porque veo que mi comunicante no entendió una puta línea. Así que voy a intentar explicarlo algo más claro.
En mi opinión, si alguien tiene derecho a estar en España –lo tiene, claro, mucha otra gente– son los emigrantes hispanoamericanos, sean mestizos o indios puros como la madre que los parió. Porque son nuestros, o sea. Somos nosotros. Me troncho cuando aquí decimos que, a diferencia de los anglosajones, los españoles no exterminaron a los indígenas y se mezclaron con ellos. Cuando lees la letra pequeña de las relaciones de Indias, adviertes que los españoles –mis abuelos se quedaron aquí, ojo– fueron a América a buscar oro y a calzarse indias. Y si no exterminaron a los indios, fue porque necesitaban esclavos para las minas y criados para las casas. A cambio, es cierto, los de allí obtuvieron una lengua hermosa y universal. Pero la pagaron cara, y la pagan, con la herencia de corrupción y desbarajuste que la estúpida y egoísta España dejó atrás. Cierto es que llevan doscientos años reventándose solos, sin nuestra ayuda. Pero nadie históricamente lúcido puede olvidar la culpa original. Una responsabilidad que, por otra parte, hace babear a políticos analfabetos y elementales ante golfos populistas que, bajo el poncho de la retórica, tomaron el relevo en el arte de chulear y estafar a su gente.
Ahora vienen, buscando futuro, al sitio natural donde los trae la lengua que se les dio y la religión que se les impuso. Vienen a donde tienen derecho a venir, trayendo sangre nueva, ilusión, capacidad de trabajo, idas y coraje, con la determinación de quien no tiene nada que perder. Llegan como carne de cañón, a comerse los más duros trabajos de esta España con la que soñaron. Su error es creer que llegan a Europa. A un sitio que imaginaban civilizado, culto, con políticos decentes y valores respetables. Pero encuentran lo que hay: demagogia, picaresca y poca gana de currar. Y además, la crisis. Así, en cuanto espabilan, algunos se españolizan. Aprenden a mimetizarse con el entorno, a esforzarse lo justo. A ser lo groseros que en su tierra no fueron nunca. A despreciar a estos españoles maleducados que tanto aire se dan pese a ser una puñetera mierda, incapaces de valorar lo que tienen y lo que podrían tener.
Descubren también la clave mágica española: el victimismo. Aprenden pronto a explotar la mala conciencia y lo políticamente correcto, a montar pajarracas sabiendo que nadie va a negarles, como a los moros y los negros, el derecho a exigir incluso más de lo que exigen los propios españoles. En todo caso se les dará, no por sus méritos de trabajo, educación o cultura, que a menudo los tienen, sino por el qué dirán, por el no vayan a creer que soy racista, o lo que sea. Y a eso, algunos –no todos, pero no pocos– suman malas costumbres que traen de allí: la afición a ponerse hasta arriba de alcohol, a conducir mamado hasta las patas, y la tradicional bronca de fin de semana, tirando de arma blanca o de otro calibre; con ese orgullo valiente y peligroso del que hablaba antes, y que lo mismo puede ser una virtud que una desgracia, cuando no se maneja con cabeza. Y mientras, las autoridades que deberían acogerlos y educarlos, planificando para ellos una España futura, inevitable y necesaria, emplean su tiempo y nuestro dinero en contaminarlos de la sarna política al uso, adobada con la más infame demagogia. En atraerlos a su puerco negocio, halagándolos de manera bajuna y jugando con ellos al trile de los votos, sin que importen a nadie su pasado, su presente o su futuro. Haciendo lamentar, a los lúcidos, que la suya sea el español y no otra lengua que les permita irse a otro país que de verdad sea Europa.
Publicado por Arturo Pérez-Reverte en XLSemanal (Nº 1109. Del 25 al 31 de enero de 2009).
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sábado, 7 de febrero de 2009
viernes, 6 de febrero de 2009
El oro y las ratas
Había una vez un rico mercader que, a punto de hacer un largo viaje, tomó sus precauciones.
Antes de partir quiso asegurarse de que su fortuna en lingotes de oro estaría a buen recaudo y se la confió a quien creía un buen amigo.
Pasó el tiempo, el viajero volvió y lo primero que hizo fue ir a recuperar su fortuna. Pero le esperaba una gran sorpresa.
-¡Malas noticias! -anunció el amigo-. Guardé tus lingotes en un cofre bajo siete llaves sin saber que en mi casa había ratas. ¿Te imaginas lo que pasó?
-No lo imagino -repuso el mercader-.
-Las ratas agujerearon el cofre y se comieron el oro. ¡Esos animales son capaces de devorarlo todo!
-¡Qué desgracia! -se lamentó el mercader-. Estoy completamente arruinado, pero no te sientas culpable, ¡todo ha sido por causa de esa plaga!
Sin demostrar sospecha alguna, antes de marcharse invitó al amigo a comer en su casa al día siguiente.
Pero, después de despedirse, visitó el establo y, sin que lo vieran, se llevó el mejor caballo que encontró. Cuando llegó a su casa ocultó al animal en los fondos.
Al día siguiente, el convidado llegó con cara de disgusto.
-Perdona mi mal humor -dijo-, pero acabo de sufrir una gran pérdida: desapareció el mejor de mis caballos.
-Lo busqué por el campo y el bosque pero se lo ha tragado la tierra.
-¿Es posible? -dijo el mercader simulando inocencia-. ¿No se lo habrá llevado la lechuza?
-¿Qué dices?
-Casualmente anoche, a la luz de la luna, vi volar una lechuza llevando entre sus patas un hermoso caballo.
-¡Qué tontería! -se enojó el otro-. ¡Dónde se ha visto, un ave que no pesa nada, alzarse con una bestia de cientos de kilos!
-¡Todo es posible! -señaló el mercader-. En un pueblo donde las ratas comen oro, ¿por qué te asombra que las lechuzas roben caballos?
El mal amigo, rojo de vergüenza, confesó que había mentido. El oro volvió a su dueño y el caballo a su establo. Hubo disculpas y perdón.
Y hubo un tramposo que supo lo que es caer en su propia trampa.
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