No hay nada hecho por la mano del hombre que tarde o temprano el tiempo no destruya.
sábado, 31 de mayo de 2008
lunes, 21 de abril de 2008
La subestimación de la amenaza climática
James Hansen, uno de los mayores expertos en clima de la NASA, reconoce haberse equivocado en sus previsiones iniciales sobre las reducciones en la emisión de dióxido de carbono que las naciones industrializadas deben tomar para evitar una catástrofe climática. Sus estimaciones le llevaron hace algún tiempo a sugerir que tal rebaja en la cantidad de CO2 en nuestra atmósfera tendría que llegar hasta las 450 partes por millón (ppm). Sin embargo, estudios más recientes emprendidos por un amplio equipo de científicos internacionales del que forma parte han reducido esta cifra a 350 ppm.
La conclusión no puede ser más pesimista, dado que, por ejemplo, los actuales objetivos de reducción de emisiones de la Unión Europea, que son los más restrictivos del mundo, se conforman con 550 ppm.
En palabras de Hansen al diario The Guardian: “Si nos quedamos en 450 ppm (es decir, el objetivo que ahora demandan la mayoría de activistas y científicos climáticos) durante bastante tiempo, es probable que se derrita todo el hielo. Eso es un aumento del nivel del mar de 75 metros”. Por lo tanto, “lo que hemos descubierto es que el objetivo hacia el que todos estábamos apuntando es un desastre, un desastre garantizado”.
James E. Hansen dirige el Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, en Nueva York, y es profesor adjunto del Departamento de Ciencias Medioambientales y de La Tierra en la Universidad de Columbia, siendo considerado una eminencia mundial en materia de cambio climático. Hace unos años su cara se hizo famosa tras protagonizar una encarnizada polémica con el Gobierno de EEUU, cuando denunció que los estrategas de comunicación de la NASA habían tratado de silenciarle.
FRAN.
Fuente: elmundo.es.
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Ecoogler
Ecoogler ya no es beta. La versión final del "buscador ecológico" impulsado por Google y Aquaverde ha entrado en funcionamiento recientemente ampliando sus servicios hasta ofrecer exactamente las mismas posibilidades de búsqueda que la más popular de las herramientas de internet. Ni que decir tiene que su tecnología es 100% Google, y los resultados que muestra idénticos. ¿Por qué usar entonces Ecoogler en lugar de Google como buscador? Pues muy simple, porque usando Ecoogler estaremos contribuyendo sin esfuerzo alguno a la reforestación del Amazonas. Con cada búsqueda realizada en Ecoogler, contribuimos simbólicamente a reforestar una hoja. Por cada 10.000 búsquedas/hojas, Ecoogler dona el dinero necesario para que se plante un árbol en el Amazonas.
FRAN.
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lunes, 14 de abril de 2008
viernes, 4 de abril de 2008
Una pequeña historia muy simple
Había una vez un hombre que tuvo un sueño, en el cual Dios le encomendaba una importante misión:
-Debes cambiar el mundo, para convertirlo en un mundo mejor... -le dijo-.
Al día siguiente cuando el hombre despertó, se dijo:
-Y ahora ¿por dónde empiezo?, ¿entre todos los países del mundo?, pues empiezo con mi país, ¿y de todas las ciudades?, empiezo con la mía, ¿y entre todos los barrios?, pues empiezo con el mío, ¿y entre todas las viviendas?, pues empiezo por mi casa, ¿y entre todos los miembros de mi familia?, pues empezaré conmigo mismo...
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Esos simpáticos muertos vivientes
La verdad es que cada uno se lo pasa lo mejor que puede, y en eso no me meto. Faltaría más. Especialmente en lo de vivir emociones intensas. Hay quien disfruta como un gorrino en un charco atado a una cuerda elástica y tirándose de un puente, quien corre en Fórmula Uno, quien les empasta las caries a los tiburones en los cayos de Florida y quien se lo pasa bárbaro dándose, metódica y rítmicamente, martillazos en los huevos. Cada uno tiene su manera de segregar adrenalina, y me parece bien. Siempre y cuando, por supuesto, cuando luego se rompe la cuerda, derrapa el bólido, el tiburón te dice ojos negros tienes o el martillazo te deja mirando a Triana, no vayas reclamando daños y perjuicios, y con tu pan te lo comas. Las emociones, en principio, son libres.
Por eso, supongo, nada tengo que objetar a que trescientos jóvenes aficionados a las películas gore, muertos vivientes, cementerios y casquería con motosierra –afición tan legítima como otra cualquiera– organicen una Marcha del Orgullo Zombie rebozados de carne podrida, borbotones de sangre, ojos colgando, muñones sanguinolentos y cosas así. Al grito de «Sangre, sangre, dame más sangre», los de la Marcha Zombie –lo correcto, por cierto, sería zombi, sin esa innecesaria e gringa– se pasearon el otro día por Madrid, y así me los topé en el paseo del Prado: fulanos bailando con el pescuezo rebanado o con un destornillador incrustado en un parietal, pavas con media cara que parecía arrastrada por el asfalto, muñones sanguinolentos y demás parafernalia del escabeche. Todo divertido a más no poder, oigan. De troncharte y no echar gota. O como se diga.
Tanto me divertí con el espectáculo, que todavía me estoy riendo. Se me parten los higadillos acordándome. Un chute, lo juro. Divino de la muerte. Me desternillo acordándome de mis zombis particulares, que no necesitan que los maquillen con sangre chunga porque el producto natural lo ponen ellos, por la patilla. Me lo paso de miedo cuando estoy un rato pensando, o me despierto de noche, y vienen a hacerme compañía en su Marcha del Orgullo Zombi particular. No pueden imaginar ustedes lo que disfruto yo, y lo que disfrutan ellos. Ahí querría ver a los aficionadillos del paseo del Prado. A ver quién es capaz de competir con una bomba en un cine de Bagdad o un morterazo en el mercado de Sarajevo. Los desafío a todos a competir con mi amigo el comandante Kibreab y sus sesos desparramados sobre un hombro, tirado en el suelo de la plaza de Tessenei, en abril de 1977. O con el fastuoso maquillaje natural de la guerrillera desnuda por la onda expansiva de una granada y con las tetas hechas filetes por la metralla, en el Paso de la Yegua, Nicaragua, 1979. También sería difícil imitar la gracia del negro macheteado en junio de 1988 en Moamba, Mozambique. O la del fulano de Hezbollah hecho un amasijo de carne y tripas en su coche alcanzado por un misil israelí cerca de Tiro, en 1990. O, para terminar y no extenderme mucho, el salero zombi de los treinta y ocho croatas que en septiembre de 1991 vimos Hermann Tersch, Márquez y yo mismo degollados en los maizales de Okuçani, Croacia: cadáveres muy canónicamente gore todos ellos –habrían hecho un brillante papel en la Marcha del Orgullo Zombi–, a los que no imaginan ustedes con cuánta gracia les colgaba la cabeza con la garganta abierta cuando los levantaban del suelo para enterrarlos. Es que me acuerdo, oigan, y me parto. Tan simpático todo, fíjense. Tan divertido.
Estoy lejos de ser el único que puede aportar carnaza fresca a la fiesta, no se crean. Vayan y pregúntenle a Gerva Sánchez, por ejemplo, cuántos muñones sangrantes y sin sangrar, con minas y sin minas, ha fotografiado a lo largo de su vida profesional. O a Alfonso Rojo, Miguel de la Fuente, Paco Custodio, Fernando Múgica y Ramón Lobo, veteranos miembros de la vieja y extinta tribu, que todavía se despiertan a veces preguntándose en dónde diablos están. Lo del Orgullo Zombi tiene que traerles bonitos recuerdos, supongo. Muchas imágenes divertidas y simpáticas. Seguro que les pasa como a mí: les preguntas por el hospital de Sarajevo –chof, chof, hacía el suelo encharcado de rojo cuando lo pisabas– después de un día de buena cosecha de francotiradores y artilleros serbios, y seguro que se rulan de risa. Como habrían hecho, sin duda, Julio Fuentes, Miguel Gil Moreno, Anguita Parrado, el cámara Couso, Juantxu y los demás que ya no están aquí para rularse. A cinco litros de sangre por cabeza, calculen el flash. Los imagino a todos bailando por el paseo del Prado, a los compases de No es serio este cementerio. Qué guay, tíos. De verdad. Menudo subidón.
Publicado por Arturo Pérez-Reverte en XLSemanal (Nº 1066. Del 30 de marzo al 5 de abril de 2008).
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jueves, 20 de marzo de 2008
lunes, 17 de marzo de 2008
Lo dijo... Charles Augustin Sainte-Beuve
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sábado, 15 de marzo de 2008
Zhong Biao
"Me gusta pintar a la gente en blanco y negro porque la gente es temporal –en algún momento dejarán el mundo y se convertirán en pasado–. Sin embargo, algunos edificios viven más que la gente; continúan existiendo en el mundo. Por esto es por lo que pinto a la gente en blanco y negro y el fondo de color. El contraste con el color es lo más destacado en esta dicotomía."
Zhong Biao dixit.
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domingo, 9 de marzo de 2008
Pegatinas en las farolas
Pegatinas en las farolas, carteles en las paredes, folletos por debajo de las puertas... Elecciones democráticas. Vota por mí, no lo hagas por él; yo te prometo, él te miente; yo cumplo, él no. Promesas y más promesas, vigentes lo que dura el adhesivo de las pegatinas en las farolas.
FRAN.
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lunes, 18 de febrero de 2008
La Torre Solar de Ciudad Real
Un grupo de empresas españolas y europeas, con el apoyo de la Universidad de Castilla La Mancha y el Ministerio de Medio Ambiente, han puesto en marcha en Ciudad Real un ambicioso proyecto que permitirá construir una de las centrales solares más grandes y productivas del mundo.
Se trata de una innovadora central solar térmica con una chimenea de 750 m. de altura en cuyo interior irán alojadas una serie de turbinas eólicas capaces de producir hasta 182.000.000 KWh. Su funcionamiento, complejo en cuanto a concepción, no puede ser más simple en su definición: Los rayos solares incidirán sobre el enorme colector solar calentando el aire en su interior; el aire caliente, más ligero, entrará por la base de la torre y ascenderá por la chimenea, cediendo su espacio a nuevo aire frío bajo el colector; se creará así un viento artificial de 60 km/h en un bucle perpetuo que hará girar las turbinas eólicas generadoras de electricidad.
El diseño es una patente de la empresa australiana EnviroMission, y cuando se termine de construir, en 2010, producirá 50 MW (megavatios) de potencia nominal, que cubrirán las necesidades de 47.000 hogares. Tal cantidad de energía resultaría del consumo de 310.000 barriles de petróleo, con lo que, además, se evita la emisión a la atmósfera de 180.000 Tm de CO2. Una torre similar, de un kilómetro de altura y 200 MW de potencia, está proyectada en Australia.
FRAN.
Para saber más sobre la torre de Fuente El Fresno (Ciudad Real) pulsa aquí.
Sobre el diseño australiano pueden ver el siguiente vídeo:
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martes, 12 de febrero de 2008
viernes, 18 de enero de 2008
Permitidme tutearos, imbéciles
"Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras– de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros –el tuteo es deliberado– a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.
Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural–, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña. Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico». O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.
Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos». Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p’alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.
Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado."
Publicado por Arturo Pérez-Reverte en XLSemanal (Nº 1052. Del 23 al 29 de diciembre de 2007).
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Lo dijo... Arthur Schnitzler
Estar preparado es importante, saber esperar lo es aún más, pero aprovechar el momento adecuado es la clave de la vida.
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domingo, 6 de enero de 2008
El último delfín
"Los delfines blancos llevaban 20 millones de años navegando por el río Yangtsé, en China, pero ha bastado menos de un cuarto de siglo para eliminarlos del catálogo de los seres vivos.
Un silbido agudo, entrecortado y tenue se difundía por las aguas cenagosas del río Yangtsé. Era la voz de una antigua divinidad de la mitología china, el delfín que había existido como especie singular desde hace veinte millones de años. El silbido era el lenguaje en el que se comunicaban entre sí los delfines, que eran casi ciegos pero tenían un oído muy fino. Cada tres o cuatro minutos emergían del agua para respirar, y a veces se alzaban en vigorosos saltos verticales antes de sumergirse de nuevo, los largos hocicos apuntando como espolones de proa hacia el cielo, la piel sonrosada reluciendo al sol. Para moverse por las profundidades turbias del río se guiaban por un sistema de ultrasonidos tan complejo como el de los murciélagos. Pero a veces se extraviaban, o no escuchaban los mensajes de sus compañeros de manada, a causa del ruido constante de los motores de los barcos y la vibración de las excavadoras trabajando en la orilla. Se perdían y quedaban despedazados por las hélices de los barcos mercantes o atrapados en las redes de los pesqueros que asolaban el fondo del río.
Los delfines blancos llevaban 20 millones de años navegando las aguas del Yangtsé, mucho antes de que los miembros de una peculiar especie de primates empezaran a caminar erguidos, pero ha bastado menos de un cuarto de siglo para borrar su presencia del catálogo de los seres vivos. En 1980 se calculaba que había unos 400. En 1997 su número se había reducido a 13. El año pasado, durante seis semanas, una expedición científica internacional recorrió 3.500 kilómetros por el Yangtsé buscando delfines blancos y no pudo encontrar ninguno. Llevaban los instrumentos ópticos más sensibles, cámaras que habrían podido detectar la presencia huidiza de ese fantasma blanco, micrófonos y grabadoras que ni una sola vez registraron ese silbido que cuando uno lo escucha parece venir de otro mundo. La última vez que alguien vio un delfín blanco en el río fue hace tres años, en septiembre de 2004. El último que vivió en cautividad había muerto tristemente en el Acuario de Hong Kong en el año 2002.
Un organismo prodigioso modelado por la selección natural a lo largo de un tiempo que no cabe en la imaginación humana se ha extinguido para siempre en el curso de algo menos de una generación. La pesca incontrolada, el tráfico constante de los buques gigantescos que transportan por el río las mercancías de la vertiginosa prosperidad china, la polución de las aguas, han acabado con el antiguo dios del Yangtsé. Hace unos meses, todavía publicaba algún periódico el proyecto del gobierno chino de crear una reserva biológica para los delfines blancos. Ahora se sabe que ya es demasiado tarde, y que si todavía queda alguno la especie no tiene esperanza de sobrevivir. Imaginamos un delfín solitario, perdido, aterrado, pidiendo auxilio con silbidos que nunca tienen respuesta, navegando sin norte por las aguas envenenadas que en otro tiempo fueron el paraíso terrenal de su especie. Su manera de comunicarse entre sí nos hace pensar en criaturas de otros planetas, pero los delfines blancos eran parientes cercanos nuestros, mamíferos sociales como nosotros , dotados de una inteligencia rápida y sutil, que les permitía crear sofisticados mensajes sonoros e incluso identificarse entre sí por la variedad individual del silbido, como nosotros nos identificamos por nuestro nombre y el metal de nuestra voz. El último, los últimos de ellos, sentirían que habitaban un mundo irreconocible, un paisaje devastado de estruendos apocalípticos y cienos venenosos. Nos hacen pensar en esos supervivientes finales de la Humanidad que solían protagonizar tantas historias de ciencia ficción, y que aparecen de nuevo tan poderosamente en la última novela de Cormac McCarthy, The Road, donde un hombre y su hijo de diez años huyen hacia el mar por un mundo reducido a cenizas y escombros.
Pero el Apocalipsis no es una posibilidad futura, una especulación fantástica. Ha ocurrido muchas veces, cada vez que una ciudad o una civilización han sido aniquiladas, cada vez que el irrepetible patrimonio genético de una especie se ha extinguido. ¿Cómo sería el final de los últimos hombres de Neandertal, hace unos 30.000 años? ¿Qué siente al quedarse solo el último anciano de una tribu borrada del mapa, el último hablante de una lengua que no volverá a escucharse cuando él muera? En algún lugar de las aguas del Yangtsé ha sucedido o está a punto de suceder un drama para el que no existen palabras en la literatura."
Publicado por Antonio Muñoz Molina en la revista Muy Interesante.
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