jueves, 4 de febrero de 2010

Rompiendo las tinieblas



Fotografía tomada en Arafo el día 31 de Enero de 2010.

miércoles, 3 de febrero de 2010

El valiente discurso de un veterano de guerra

Esta mañana recibí un correo de una buena amiga en el que, bajo el título "Discurso de un veterano de guerra...", había un enlace a un vídeo de Youtube. Movido por el interés que este tipo de material audiovisual suele despertar en mí, lo "devoré" rápidamente y tras una no menos rápida digestión, decidí que debía compartirlo con los lectores de este espacio.

El ex-militar (pues supongo que para hablar tan abiertamente debe serlo) estadounidense se llama Mike Prysner y su discurso no tiene desperdicio. Obvien los detalles insignificantes, atiendan al fondo de su mensaje y, naturalmente, juzguen por sí mismos.



Se puede decir más alto pero no más claro.

Gracias, Cristi, por enviarme tan interesante vídeo (como siempre).

FRAN.

lunes, 1 de febrero de 2010

Música para emocionar

Tomamos a unos 200 bailarines y los trasladamos a una estación de trenes, los mezclamos entre la multitud un día cualquiera a una hora cualquiera e, inesperadamente, ponemos un poco de música con sabor a nostalgia; los dejamos actuar y... ¿qué creen que sucedería? Pues disfrútenlo en el siguiente vídeo.



Por cierto, sucedió en la Estación Central de Amberes (Bélgica) y no era la primera vez que se hacía. Un año atrás en este mismo blog ya les comentamos un espectáculo similar "improvisado" en Liverpool.

FRAN.

miércoles, 27 de enero de 2010

Lo dijo... Víctor Hugo

El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad.

domingo, 24 de enero de 2010

Shadows

Otro cielo

No existe esponja para lavar el cielo
pero aunque pudieras enjabonarlo
y luego echarle baldes y baldes de mar
y colgarlo al sol para que se seque
siempre faltaría el pájaro en silencio

no existen métodos para tocar el cielo
pero aunque te estiraras como una palma
y lograras rozarlo en tus delirios
y supieras al fin como es al tacto
siempre te faltaría la nube de algodón

no existe un puente para cruzar el cielo
pero aunque consiguieras llegar a la otra orilla
a fuerza de memoria y pronósticos
y comprobaras que no es tan difícil
siempre te faltaría el pino del crepúsculo

eso es porque se trata de un cielo que no es tuyo
aunque sea impetuoso y desgarrado
en cambio cuando llegues al que te pertenece
no lo querrás lavar ni tocar ni cruzar
pero estarán el pájaro y la nube y el pino.

Mario Benedetti.

jueves, 21 de enero de 2010

Lo dijo... Peter Drucker

En cada historia de éxito hay alguien que tomó decisiones valientes.

martes, 19 de enero de 2010

Puesta de Sol en Noruega



domingo, 17 de enero de 2010

La destrucción de Haití

A veces resulta incomprensible de asimilar la facilidad con que algo, aún un país entero, puede quedar reducido a la nada en contraste con los enormes esfuerzos que requiere toda construcción emprendida por el hombre. Haití es el último y más trágico ejemplo de esta máxima. Un terremoto, apenas unos segundos de nuestra vida y todo lo que conocemos se evapora dejando tras de sí una estela de destrucción y caos.

Haití era un estado fallido, un país que hacía aguas por todas partes casi desde el mismo momento de su independencia. Uno de los rincones más pobres y olvidados del planeta pese a ubicarse en el rico y desarrollado norte, a apenas un puñado de millas de la nación más poderosa y próspera de la Tierra. Sus escasas infraestructuras y su carencia de prácticamente todo lo convertían en un objetivo demasiado apetitoso para el cruel destino de la humanidad, ese que cada cierto tiempo se empeña en recordarnos nuestra insignificancia en manos de una naturaleza que no tiene piedad con las infinitas piezas que la componen. Clamamos contra tamaña injusticia, pero a escala cósmica nuestro grito -el grito de los haitianos- no es siquiera un susurro. La arrogancia humana que en no pocas ocasiones nos hace sentir dioses recibe estos hachazos de humildad que nos hacen despertar de golpe de nuestro ensueño divino.

Haití ya no existe. Todo lo que fue pereció en esos interminables segundos. Pero Haití volverá a existir. Porque la humanidad, pese a sus infinitos defectos, también alberga innumerables virtudes. La misma arrogancia que es pecado capital tantas veces se transforma otras tantas en orgullo por las capacidades de nuestra especie y una muy destacable es la de reconstrucción. Costará muchísimo pero Haití será reconstruido si hay voluntad puesta en ello. Y parece que, de momento, la hay. Mi único deseo es que los millones de actos solidarios con su pueblo no queden reducidos a pura campaña de marketing para lavar conciencias durante el escaso tiempo que esta tragedia ocupe espacio en los medios. Pues ese es otro pecado, no capital, pero sí muy actual del hombre, la facilidad que tenemos para olvidar.

FRAN.

El Síndrome del Coronel Tapioca

Hace treinta y dos años desaparecí en la frontera entre Sudán y Etiopía. En realidad fueron mi redactor jefe, Paco Cercadillo, y mis compañeros del diario Pueblo los que me dieron como tal; pues yo sabía perfectamente dónde estaba: con la guerrilla eritrea. Alguien contó que había habido un combate sangriento en Tessenei y que me habían picado el billete. Así que encargaron a Vicente Talón, entonces corresponsal en El Cairo, que fuese a buscar mi fiambre y a escribir la necrológica. No hizo falta, porque aparecí en Jartum, hecho cisco pero con seis rollos fotográficos en la mochila; y el redactor jefe, tras darme la bronca, publicó una de esas fotos en primera: dos guerrilleros posando como cazadores, un pie sobre la cabeza del etíope al que acababan de cargarse.

Lo interesante de aquello no es el episodio, sino cómo transcurrió mi búsqueda. La naturalidad profesional con que mis compañeros encararon el asunto. Conservo los télex cruzados entre Madrid y El Cairo, y en todos se asume mi desaparición como algo normal: un percance propio del oficio de reportero y del lugar peligroso donde me tocaba currar. En las tres semanas que fui presunto cadáver, nadie se echó las manos a la cabeza, ni fue a dar la brasa al ministerio de Asuntos Exteriores, ni salió en la tele reclamando la intervención del Gobierno, ni pidió que fuera la Legión a rescatar mis cachos. Ni compañeros, ni parientes. Ni siquiera se publicó la noticia. Mi situación, la que fuese, era propia del oficio y de la vida. Asunto de mi periódico y mío. Nadie me había obligado a ir allí.

Mucho ha cambiado el paisaje. Ahora, cuando a un reportero, turista o voluntario de algo se le hunde la canoa, lo secuestran, le arreglan los papeles o se lo zampan los cocodrilos, enseguida salen la familia, los amigos y los colegas en el telediario, asegurando que Fulano o Mengana no iban a eso y pidiendo que intervengan las autoridades de aquí y de allá –de sirios y troyanos, oí decir el otro día–. Eso tiene su puntito, la verdad. Nadie viaja a sitios raros para que lo hagan filetes o lo pongan cara a la Meca, pero allí es más fácil que salga tu número. Ahora y siempre. Si vas, sabes a dónde vas. Salvo que seas idiota. Pero en los últimos tiempos se olvida esa regla básica. Hemos adquirido un hábito peligroso: creer que el mundo es lo que dicen los folletos de viajes; que uno puede moverse seguro por él, que tiene derecho a ello, y que Gobiernos e instituciones deben garantizárselo, o resolver la peripecia cuando el coronel Tapioca se rompe los cuernos. Que suele ocurrir.

Esa irreal percepción del viaje, las emociones y la aventura, alcanza extremos ridículos. Si un turista se ahoga en el golfo de Tonkín porque el junco que alquiló por cinco dólares tenía carcoma, a la familia le falta tiempo para pedir responsabilidades a las autoridades de allí –imagínense cómo se agobian éstas– y exigir, de paso, que el Gobierno español mande una fragata de la Armada a rescatar el cadáver. Todo eso, claro, mientras en el mismo sitio se hunde, cada quince días, un ferry con mil quinientos chinos a bordo. Que busquen a mi Paco en la Amazonia, dicen los deudos. O que nos indemnicen los watusi. Lo mismo pasa con voluntarios, cooperantes y turistas solidarios o sin solidarizar, que a menudo circulan alegremente, pisando todos los charcos, por lugares donde la gente se frota los derechos humanos en la punta del cimbel y una vida vale menos que un paquete de Marlboro. Donde llamas presunto asesino a alguien y tapas la cara de un menor en una foto, y la gente que mata adúlteras a pedradas o frecuenta a prostitutas de doce años se rula de risa. Donde quien maneja el machete no es el indígena simpático que sale en el National Geographic, ni el pobrecillo de la patera, ni te reciben con bonitas danzas tribales. Donde lo que hay es hambre, fusiles AK-47 oxidados pero que disparan, y televisión por satélite que cría una enorme mala leche al mostrar el escaparate inalcanzable del estúpido Occidente. Atizando el rencor, justificadísimo, de quienes antes eran más ingenuos y ahora tienen la certeza desesperada de saberse lejos de todo esto.

Y claro. Cuando el pavo de la cámara de vídeo y la sonrisa bobalicona se deja caer por allí, a veces lo destripan, lo secuestran o le rompen el ojete. Lo normal de toda la vida, pero ahora con teléfono móvil e Internet. Y aquí la gente, indignada, dice qué falta de consideración y qué salvajes. Encima que mi Vanessa iba a ayudar, a conocer su cultura y a dejar divisas. Y sin comprender nada, invocando allí nuestro código occidental de absurdos derechos a la propiedad privada, la libertad y la vida, exigimos responsabilidades a Bin Laden y gestiones diplomáticas a Moratinos. Olvidando que el mundo es un lugar peligroso, lleno de hijos de puta casuales o deliberados. Donde, además, las guerras matan, los aviones se caen, los barcos se hunden, los volcanes revientan, los leones comen carne, y cada Titanic, por barato e insumergible que lo venda la agencia de viajes, tiene su iceberg particular esperando en la proa.

Publicado por Arturo Pérez-Reverte en XLSemanal (Nº 1159. Del 10 al 16 de enero de 2010).

miércoles, 13 de enero de 2010

After Dark

"Perfil de una gran ciudad.
Captamos esta imagen desde las alturas, a través de los ojos de un ave nocturna que vuela muy alto.
En el amplio panorama, la ciudad parece un gigantesco ser vivo. O el conjunto de una multitud de corpúsculos entrelazados. Innumerables vasos sanguíneos se extienden hasta el último rincón de ese cuerpo imposible de definir, transportan la sangre, renuevan sin descanso las células. Envían información nueva y retiran información vieja. Envían consumo nuevo y retiran consumo viejo. Envían contradicciones nuevas y retiran contradicciones viejas. Al ritmo de las pulsaciones del corazón parpadea todo el cuerpo, se inflama de fiebre, bulle. La medianoche se acerca y, una vez superado el momento de máxima actividad, el metabolismo basal sigue, sin flaquear, a fin de mantener el cuerpo con vida. Suyo es el zumbido que emite la ciudad en un bajo sostenido. Un zumbido sin vicisitudes, monótono, aunque lleno de presentimientos."

Haruki Murakami.

viernes, 8 de enero de 2010

Un hueco en las nubes



Lo dijo... Bill Gates

Mi éxito en los negocios ha sido en gran medida el resultado de mi capacidad para concentrarme en objetivos a largo plazo e ignorar las distracciones a corto plazo.

sábado, 2 de enero de 2010

Sobre el cambio

El hombre santo reunió a sus amigos:
–Estoy viejo –les dijo.
–Y sabio –respondió uno de los amigos.
–Durante todo este tiempo, siempre te vimos rezando. ¿De qué hablas con Dios?
–Al principio, yo tenía el entusiasmo de la juventud. Le pedía a Dios que me diera fuerzas para cambiar la humanidad. Poco a poco empecé a darme cuenta de que esto era imposible y entonces empecé a pedirle a Dios que me diese fuerzas para cambiar a los que estaban a mi alrededor. Ahora que ya soy viejo, mi oración es mucho más sencilla. Le pido a Dios lo que debería haberle pedido desde el principio.
–¿Y qué es eso que le pides? –quiso saber el amigo.
–Le pido ser capaz de cambiarme a mí mismo.

Paulo Coelho.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Earthrise



lunes, 28 de diciembre de 2009

El venerable silencio de los bancos

Hoy me encontraba aguardando mi turno en la cola del banco cuando, de repente, una pregunta asaltó a mi mente: ¿por qué todo el mundo susurra en este lugar? Y es que, resulta lógico que las personas que se encuentran siendo atendidas por el personal de la oficina, dado el carácter financiero de los tratos a realizar, guarden un cierto recato y moderen su volumen de voz. Pero por qué hacen lo propio aún los últimos de atrás en la cola, aquellos que casi se sitúan junto a la puerta de entrada -o salida- y en nada deberían preocuparse porque las personas cercanas escuchen sus intrascendentes conversaciones.

Enseguida me puse a elucubrar, posiblemente por el aburrimiento debido a la tediosa espera, una respuesta convincente a la cuestión, y aunque no sean más que desvaríos propios de un momento ocioso, he creído interesante compartirlos en este espacio. Así pues, el pensamiento esencial que alumbró en mi cabeza fue el del 'Banco' como moderno templo de ceremonias heredero de la tradición eclesial. Dicho así suena un tanto rimbombante, pero no lo es tanto si se argumenta adecuadamente. Porque a nadie se escapa que la Iglesia hace mucho que perdió el lugar de honor en la sociedad del que gozó en épocas pretéritas. Y no precisamente por sus propios errores -que los ha cometido, y muchos-, sino por la propia evolución de esa misma sociedad desde un estadio previo en que la vida espiritual era fundamental hasta un estadio actual en que lo material ha ocupado su lugar. Este progresivo cambio que ha ido desacralizando paulatinamente los otrora espacios sagrados incuestionables podría haber dejado un vacío psicológico en el inconsciente colectivo de la sociedad. Un vacío que, también inconscientemente, habríamos ido rellenando con nuevos espacios a los que dotar de ese 'aura' de veneración que tuvieron los recintos religiosos, y que no habría encontrado mejor depositario que el edificio donde el nuevo dios de la modernidad, el dinero, tiene su morada.

Los bancos se convierten, de esta manera, en el sustituto de las iglesias como lugares donde llevar a cabo el principal de los ceremoniales en que participamos de nuestra sociedad, es decir, la transacción económica. Y por todo ello, y por el ancestral respeto que hacia estos actos, antes litúrgicos, ahora económicos, mostrábamos y continuamos mostrando consciente o inconscientemente, es por eso que susurramos en vez de hablar en el interior de una entidad bancaria.

FRAN.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Feliz Navidad



Natividad - Correggio (1528-30)

lunes, 21 de diciembre de 2009

El valioso tiempo de los maduros

"Conté mis años y descubrí
que tengo menos tiempo
para vivir de aquí en adelante
que el que viví hasta ahora.

Me siento como aquel chico
que ganó un paquete de golosinas:
las primeras las comió con agrado,
pero, cuando percibió que quedaban pocas,
comenzó a saborearlas profundamente.

Ya no tengo tiempo
para reuniones interminables
donde se discuten estatutos,
normas, procedimientos
y reglamentos internos,
sabiendo que no se va a lograr nada.

Ya no tengo tiempo
para soportar absurdas personas que,
a pesar de su edad cronológica,
no han crecido.

Ya no tengo tiempo
para lidiar con mediocridades.

No quiero estar en reuniones
donde desfilan egos inflados.

No tolero a maniobreros y ventajeros.

Me molestan los envidiosos
que tratan de desacreditar a los más capaces
para apropiarse de sus lugares,
talentos y logros.

Detesto, si soy testigo,
de los defectos que genera
la lucha por un majestuoso cargo.

Las personas no discuten contenidos,
apenas los títulos.

Mi tiempo es escaso
como para discutir títulos.

Quiero la esencia,
mi alma tiene prisa…

Sin muchas golosinas en el paquete,
quiero vivir al lado de gente humana,
muy humana.

Que sepa reír de sus errores.

Que no se envanezca con sus triunfos.

Que no se considere electa antes de hora.

Que no huya de sus responsabilidades.

Que defienda la dignidad humana.

Y que desee tan sólo andar
del lado de la verdad y la honradez.

Caminar junto a cosas y personas de verdad,
disfrutando de un afecto absoluto y sin fraudes,
nunca será pérdida de tiempo.

Lo esencial es lo que hace
que la vida valga la pena.

Quiero rodearme de gente
que sepa tocar el corazón de las personas.

Gente a quien los golpes duros de la vida,
le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.

Sí…. tengo prisa…
por vivir con la intensidad
que solo la madurez puede dar.

Pretendo no desperdiciar
parte alguna de las golosinas
que me quedan…

Estoy seguro que serán más exquisitas
que las que hasta ahora he comido.

Mi meta es llegar al final
satisfecho y en paz
con mis seres queridos
y con mi conciencia.

Espero que la tuya sea la misma,
porque de cualquier manera
llegarás..."

Mario de Andrade.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Lo dijo... Fernando Pessoa

Nunca amamos a nadie: amamos, sólo, la idea que tenemos de alguien. Lo que amamos es un concepto nuestro, es decir, a nosotros mismos.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Mucho hay que chupar

"Las que llegan a 80 chupan chiquillos: las que no pasan de 18, chupan a los grandes. Parece que el hombre nace y vive para ser chupado."


Francisco de Goya, Los Caprichos.