domingo, 21 de diciembre de 2008
sábado, 20 de diciembre de 2008
Zapaticidio
Al periodista iraquí Mountazer al-Zaïdi deberían hacerle un monumento en su país. Sus dos "zapatazos" al todavía presidente de los Estados Unidos George W. Bush durante la rueda de prensa que este concedió junto a su homólogo iraquí Nuri Al Maliki al término de su reciente visita a Irak lo hacen acreedor de tal honor. El periodista, además, obsequió al dirigente norteamericano con unas palabras más que merecidas por quien debería (que dudo lo haga) cargar sobre su conciencia con la muerte de centenares de miles de víctimas civiles de una guerra justificada, única y exclusivamente, en la defensa de los intereses económicos y geoestratégicos de su país: "Toma tu beso de despedida, pedazo de perro". Sin embargo, a buen seguro sufrirá las consecuencias por su valentía (a la par que estupidez) en la forma de un castigo ejemplar que no levante las iras del ejército de ocupación, no sea que algún soldado descerebrado de orientación republicana descargue su cólera sobre algún inocente ciudadano iraquí. Es la cruda realidad de su fallido intento de "zapaticidio".
Voy a ser malo: ¡Lástima que no le diera en todo el hocico*!
FRAN.
*Nota: El deliberado uso de la palabra "hocico" pretende aquí recoger la primera acepción que de la palabra aparece en el Diccionario de la RAE, en alusión a la manifiesta animalidad del sujeto en cuestión.
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miércoles, 17 de diciembre de 2008
Mi cuento de Navidad
Como siempre hacía la víspera de Navidad, el rey invitó al primer ministro a dar un paseo por la ciudad. Le gustaba ver cómo adornaban las calles, pero para evitar que sus súbditos se excedieran en los gastos con el objetivo de agasajarlo, solían disfrazarse con ropa de comerciantes que venían de tierras lejanas.
Caminaron por el centro, admirando las guirnaldas de luz, los abetos, las velas encendidas en las entradas de las casas y los puestos de venta de regalos. Todo el mundo, hombres, mujeres y niños, se apresuraba a reunirse con sus familiares para celebrar esa noche en torno a una mesa repleta.
En el camino de regreso pasaron por el barrio más pobre. Allí, el ambiente era completamente distinto: nada de luces, velas, ni el olor apetecible de la comida lista para ser servida en la mesa. No había casi nadie por la calle, y como hacía todos los años, el rey comentó con el ministro que debía prestar más atención a los pobres de su reino. El ministro asintió con la cabeza, convencido de que pronto el asunto sería olvidado de nuevo, enterrado en la burocracia cotidiana, la aprobación de presupuestos y las reuniones con dignatarios extranjeros.
De repente oyeron una música que salía de una de las casas más pobres. La chabola, mal construida, con varias grietas entre las maderas podridas, les permitía ver lo que sucedía en el interior, y comprobaron que la escena que allí se desarrollaba era completamente absurda: un viejo en una silla de ruedas que parecía llorar, una joven completamente calva que bailaba y un muchacho de mirada triste que tocaba un tamborín y cantaba una canción tradicional.
–Voy a ver qué pasa –dijo el rey, y llamó a la puerta. El joven dejó de cantar y fue a abrir.
–Somos mercaderes y buscamos un lugar para dormir. Hemos oído la música, hemos visto que todavía estáis levantados y nos gustaría saber si podríamos pasar aquí la noche.
–Pueden quedarse en algún hotel de la ciudad. Desgraciadamente, no podemos ayudarlos; a pesar de la música, en esta casa reinan la tristeza y el sufrimiento.
–Por mi culpa –era el viejo de la silla de ruedas el que hablaba–. Durante toda mi vida he intentado darle educación a mi hijo para que aprendiese caligrafía, para que fuese uno de los escribas del palacio. Sin embargo, los años pasaban y no volvieron a ofertarse nuevas plazas.
Hasta que anoche tuve un sueño estúpido: un ángel aparecía y me pedía que comprara una copa de plata, ya que el rey iba a venir a visitarme, a beber un poco y a conseguir un empleo para mi hijo. La presencia del ángel me pareció tan real que decidí hacer lo que me decía. Como no tenemos dinero, mi nuera fue esta mañana al mercado, vendió su pelo y compramos esa copa de ahí. Ahora intentan levantarme el ánimo, cantando y bailando porque es Navidad, pero es inútil.
El rey vio la copa de plata, pidió que le sirvieran un poco de agua porque tenía sed y, antes de marcharse, le dijo a la familia:
–¡Qué coincidencia! Hoy mismo hemos estado con el primer ministro y nos ha dicho que las plazas se van a ofertar la semana que viene.
El viejo sacudió la cabeza con incredulidad y se despidió de los extranjeros. Pero al día siguiente fue leído un decreto real por todas las calles de la ciudad: buscaban un nuevo escriba para la corte.
El día previsto, la sala de audiencias estaba atestada de gente deseosa de competir por tan ansiado cargo. Cuando el primer ministro entró, les pidió a todos que prepararan sus cuadernos y sus bolígrafos.
–Éste es el tema de la disertación –dijo–: ¿Por qué un anciano llora, una mujer calva baila y un muchacho triste canta?
Un murmullo de asombro recorrió la sala: ¡nadie sabía contar una historia como ésa! Nadie, salvo un joven con ropa humilde, sentado en un rincón de la sala, que sonrió y empezó a escribir. (Basado en un cuento indio)
Publicado por Paulo Coelho en XLSemanal (Nº 1103. Del 14 al 20 de diciembre de 2008).
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martes, 16 de diciembre de 2008
La aventura de viajar
"Cuando en cierta ocasión pregunté a una muchacha saharaui qué significaba para ella la palabra paz, me respondió: 'Tener un frigorífico y una lavadora'. En Etiopía, un taxista me dijo: 'África está llena de niños listos y adultos tontos. La miseria embrutece'. Navegando el río Congo, un pasajero del que me hice amigo, que iba desde Kinshasa al lejano pueblo de Boma para ejercer un empleo de ingeniero agrónomo, me dijo alegremente: 'Lo más humillante que puede sucederle a un hombre es no poder trabajar en lo que de verdad conoce. Yo me gradué en Bruselas con veinticuatro años de edad y tengo ahora cincuenta. He vivido humillado veintiséis. Pero por fin voy a ser yo mismo'.
En un campamento de prisioneros marroquíes, el saharaui Ahmed Du me llevó a hablar con algunos de ellos. Los trataba con extrema cortesía y yo le mostré mi aprecio por la forma tan generosa que tenía de dirigirse a sus enemigos. Él me respondió: 'Un prisionero no es un enemigo; es un hombre vencido'. Maidole, la bonita niña nicaragüense de Jalapa, me preguntó una vez: '¿Cómo es un país sin guerra, señor?'. En fin, encontré a una mujer en Split cuyo marido se encontraba en el Sarajevo cercado por los serbios radicales. Cuando supo que iba a ir a la ciudad, me pidió que le llevara a su esposo una bolsa con alimentos. Además de eso, me dio doscientos marcos alemanes para él, el único dinero que poseía. Yo le dije: 'Señora, usted no me conoce, puedo quedarme con el dinero y no buscar a su marido'. Ella me respondió: 'En este país nos hemos acostumbrado a confiar en los desconocidos y a desconfiar de los conocidos'.
Viajando, aprendí mucho sobre la miseria, la tristeza y el dolor, pero también sobre la generosidad, la dignidad y la fe. Y decidí que eran estas cosas sobre las que quería escribir y para las que el periodismo me resultaba insuficiente."
Javier Reverte.
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jueves, 11 de diciembre de 2008
Lo dijo... Paulo Coelho
Todos los días Dios nos da un momento en que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices. El instante mágico es el momento en que un sí o un no pueden cambiar toda nuestra existencia.
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martes, 2 de diciembre de 2008
Capturar el viento
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miércoles, 5 de noviembre de 2008
Obamanía
Una brisa fresca sopla en el panorama político internacional. Tras dos cuatrienios de oscurantismo dominados por la nefasta administración Bush, un nuevo inquilino en la Casa Blanca, aglutinador de las esperanzas de todo un pueblo y de todo un planeta, tiene ante sí el reto de sacar adelante un país sumido en una situación económica catastrófica y, por extensión, de dar un revitalizador impulso a la economía mundial. Y esto es solo el principio...
Ese hombre es Barack Hussein Obama, quien pronto tomará el testigo de George W. Bush como presidente de los Estados Unidos de América, el primer afroamericano en ocupar el cargo. Demócrata, de origen humilde, joven, pero suficientemente preparado para el papel que le toca jugar en ese inmenso tablero de ajedrez que conforma el mapa político global. Pues no solo habrá de enfrentar el gran problema de la crisis económica; otros desafíos de envergadura aguardan al nuevo presidente norteamericano tales como los gravísimos enfrentamientos armados en Oriente Medio, el elevado deterioro de nuestro medio ambiente o las futuras crisis energéticas que se perciben no demasiado lejanas en un mundo cada vez más superpoblado.
Y no ha perdido la oportunidad de adelantar algunas de sus "recetas" para solventar estos asuntos en la recién concluida campaña electoral: Reducción de impuestos a las clases medias de su país y aumento de los mismos para los más adinerados cual Robin Hood contemporáneo; aumento del gasto social para redundar en beneficio de las clases más desfavorecidas; ayudas al continente africano para superar su atávico atraso en todos los órdenes de la sociedad; retirada de las tropas estadounidenses de Irak en un plazo máximo de 16 meses desde su toma de posesión como presidente; acercamiento a Cuba con el levantamiento del ya excesivamente duradero embargo al régimen de la isla; fuertes inversiones en I+D y en fuentes de energía alternativas al petróleo y los combustibles fósiles... La "Obamanía" aterriza con fuerza en los Estados Unidos de América y sus efectos se han sentido en todo el planeta conquistando los corazones de millones de personas. ¿Llegan por fin los vientos del cambio? ¿Entrará de una vez por todas el mundo en una era de paz y prosperidad? Solo el tiempo -y "Obama"- tienen la respuesta.
Mis temores: Que los "poderes fácticos" de Estados Unidos no le permitan hacer todo lo que querría hacer y que las fuerzas ultraconservadoras y racistas aún poderosas en la sociedad estadounidense atenten contra su vida como ya hicieron con los Kennedy.
Mis esperanzas: Que por fin la "voz de la calle" hable a través de los labios de un presidente de los Estados Unidos y el diálogo y entendimiento entre los pueblos sean la consigna básica de su mandato y que la desmilitarización de un planeta tan atormentado por el rugir de las armas sea su consecuencia directa.
FRAN.
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miércoles, 1 de octubre de 2008
Happy anniversary, NASA!
La agencia espacial estadounidense cumple hoy sus bodas de oro, 50 años desde su fundación allá por el 1 de octubre de 1958 (fecha oficial de apertura de su sede en Washington). A lo largo de este medio siglo ha conocido éxitos sin precedentes en la historia de la humanidad, como la colocación de los primeros hombres sobre nuestro satélite (21 de julio de 1969), pero también fracasos estrepitosos que concluyeron en grandes tragedias, como la destrucción de los transbordadores espaciales Challenger y Columbia, que se llevaron consigo la vida de sus tripulaciones. No obstante, es de justicia reconocerle sus méritos, pues estos sobrepasan con creces esos "suspensos" en su expediente global. Los descubrimientos científicos y los avances tecnológicos que nacieron en estas décadas bajo el amparo de la NASA han sido cuantiosos y los proyectos desarrollados todo un ejemplo a seguir por el resto de agencias espaciales del mundo. Por todo ello hagamos un pequeño brindis por ella y deseémosle un feliz aniversario.
FRAN.
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La noche quedó atrás
"Así aprendí a apreciar el valor que representa una propaganda coordinada y dirigida desde un solo centro sobre una masa exaltada de seres humanos. Aprendí con qué facilidad una masa, una vez controlada, puede ser llevada a realizar actos de violencia. En tiempos pasados, Dimitrof me había dicho cierta vez, en Berlín: 'Cuando sienta que tiene bien dominadas las mentes de las masas, no las deje solas, entregadas a sí mismas, no las deje actuar por sí solas: dígales lo que deben hacer por la mañana y por la noche; déjelas sentir que tienen detrás de sí un poder que sabe cuál es el verdadero camino, y señáleles este camino infatigablemente'."
Jan Valtin.
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domingo, 28 de septiembre de 2008
Los aliens dicen ¡hola!
Deliciosamente genial. Últimamente no dejo de sorprenderme con la cantidad y calidad de buen material audiovisual que pulula por la red. Solo hay que estar un poquito atento a lo que pasa por delante de la pantalla y escoger con una pizca de sabiduría, pero no de la que se adquiere en los libros, sino de la que consigues soñando. Gracias Carmen, y a todos los que han puesto en circulación este vídeo.
FRAN.
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martes, 16 de septiembre de 2008
La historia de las cosas
Uno de los vídeos más interesantes que he visto en mucho tiempo y que explica a la perfección, de una manera muy didáctica y crítica, el actual sistema de producción y consumo que impera en nuestro mundo. Si algo deja claro, es que la voracidad del capitalismo no tiene límites, y que debemos ponerle freno a cualquier precio, o éste se elevará hasta nuestra propia supervivencia y la del planeta que nos cobija. Dura veinte minutos, pero créanme, vale la pena verlo.
FRAN.
Si te resultó interesante y sientes más curiosidad por el tema, pincha aquí (está en inglés).
Si quieres saber quién es Annie Leonard, y acceder a otras páginas de referencia sobre este asunto, pincha aquí.
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lunes, 15 de septiembre de 2008
Una Foto Analgésica
Hay una fotografía que me gusta mucho. La tengo delante mientras le pego a la tecla. Fue tomada en París el 26 de agosto de 1944, al día siguiente de la liberación de la ciudad por la 2ª División Blindada del general Leclerc, donde figuraban antiguos combatientes republicanos españoles. El día anterior, la división había entrado en la ciudad llevando en cabeza a la 9ª Compañía, tan llena de compatriotas nuestros que varios de sus vehículos tenían pintados los nombres de Brunete, Ebro, Belchite, Teruel, Guernica, Don Quijote y Guadalajara; y en los partes de combate con las órdenes que el capitán de la 9ª, Raymond Dronne, dio ese día a sus unidades de vanguardia, figuran los nombres de los jefes de algunas de éstas: Montoya, Moreno, Gra-nell, Bernal, Campos y Elías.
La foto a la que me refiero es típica de la Liberación: arco de Triunfo, vehículos con soldados y la multitud entusiasmada. El semioruga que se ve en el centro de la imagen se llama Guernica y lleva a bordo a siete soldados: cinco de pie, el conductor y otro que va a su lado, también de pie. De los siete, este último es el único que no lleva puesto el casco. Es bajito –les llega a los otros, altos y apuestos, casi por los hombros–, lleva la camisa arremangada, y en vez de mirar al frente impasible y marcial como sus compañeros, mira a la gente con una gran sonrisa y un pitillo en la boca. Con esa foto suelo bromear, poniéndosela delante a los amigos: «Ejercicio de agudeza visual. Adivina quién es el español».
Hay fotos que queman la sangre y fotos analgésicas. Ésta es de las últimas. Cuando el telediario, el titular de periódico, la mirada que diriges alrededor o el espejo mismo te recuerdan con demasiada precisión en qué infame sitio vives, de qué peña formas parte y qué pocas esperanzas hay de que este patio de Monipodio llegue a ser algún día un lugar solidario, culto, limpio y libre, esa foto y algunas otras cosas por el estilo, que uno guarda en esa imaginaria lata de galletas parecida a la que usaba de niño para guardar tesoros –canicas, cromos, un tirachinas, una navaja de hoja rota, un soldadito de metal–, ayudan a soportar las ganas de echar la pota. Permiten mirar en torno buscando, más allá del primer y desolador vistazo, al fulano bajito y sonriente que, ajeno al protocolo solemne, mira a la gente, orgulloso, feliz de protagonizar tan espléndida revancha, cinco años después de haber pasado los Pirineos con el puño en alto, y en ellos quizá, apretado, un puñado de tierra española.
No sé cómo se llamaba el soldado del Guernica. Sólo sé que fue uno de los que cantaron ¡Ay Carmela! por las calles de París –el capitán Dronne lo cuenta en sus memorias– tras llegar hasta allí desde Argelia y el Chad, y luego siguieron peleando en Francia, Alsacia y Alemania hasta Berchtesgaden, la residencia alpina de Hitler. Él y los otros, que se echaron al monte al invadir Francia los alemanes o se alistaron en la Legión Extranjera, combatiendo en Narvik, Bir Hakeim, Montecassino, Normandía y la Selva Negra, llenando Francia de lápidas donde todavía hoy se lee Aux espagnols morts pour la liberté, consuelan la memoria cuando uno piensa en el modo miserable en que la Segunda República se fue al diablo; no sólo por la sublevación del ejército rebelde, sino también –qué mala información tenemos en este país idiota e irresponsable– por la vileza de una clase política mezquina, sin escrúpulos, capaz de convertir una oportunidad espléndida en un espectáculo siniestro. En una sangrienta cochinera.
Por eso me gusta tanto esa foto. Como digo, todos necesitamos analgésicos para ir tirando. Cada uno para lo suyo. Algunos, para hilar fino sin que el malestar, la náusea, te hagan meter a todo cristo en el mismo cazo. Es cierto que, en los últimos tiempos, en España ha tomado el relevo una nueva casta política irresponsable, infame sin distinción de ideologías, pegada a la ubre de los aparatos de sus partidos. Gente sin contacto con la vida real, que ni ha trabajado nunca de verdad ni tiene intención de hacerlo en su puta vida. Parásitos de la vida pública, profesionales del camelo y el cuento chino. Los que, amos de un tinglado nacional rehecho a su medida, ya nunca irán al paro. Y es cierto, también, que esa gentuza medra con la complicidad de una sociedad indiferente, acrítica, apoltronada y voluntariamente analfabeta, que sólo se acuerda de Santa Bárbara cuando le afecta a cada cual. Cuando truena. Esto es así, y el impulso, la tentación de mandarlo todo al diablo, ametrallando a mansalva, resulta lógico. Casi inevitable.
Por eso consuela tanto recordar, gracias a esa foto de París, que pese a todo, entre tanta basura y tanta chusma, siempre es posible dar con alguien que no se resigna. Que ni se rinde, ni traga. Tipos como el anónimo español de la División Leclerc: bajito, valeroso, descarado, sonriente. Con su pitillo. Capaz de recordarnos a todos, sesenta y cuatro años después, que siempre son posibles la dignidad y la vergüenza.
Publicado por Arturo Pérez-Reverte en XLSemanal (Nº 1090. Del 14 al 20 de septiembre de 2008).
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martes, 2 de septiembre de 2008
Lo dijo... Confucio
El tipo más noble de hombre tiene una mente amplia y sin prejuicios. El hombre inferior es prejuiciado y carece de una mente amplia.
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lunes, 25 de agosto de 2008
Invisibles
Unos científicos financiados por el Pentágono han logrado desarrollar por nanoingeniería –que no sabemos exactamente lo que es, pero que suena a ingeniería liliputiense, como la de esos atletas de la paciencia que levantan rascacielos con cerillas— un material que no absorbe ni refleja la luz. Cualquier objeto recubierto por él se torna invisible, o crea en quien lo contempla la ilusión óptica de haberse desvanecido. Los inventores del prodigio se han apresurado a aclarar –excusatio non petita...– que su experimento no tendrá aplicaciones bélicas; así que hemos de suponer que el Pentágono ha patrocinado la investigación para que los gordos puedan pasearse sin complejos en bañador, después de aplicarse una capita del material de marras en los michelines, como quien se aplica una crema bronceadora. Seguramente, la técnica desarrollada por estos científicos aún requiera muchos años de perfeccionamiento –o quizá tal perfeccionamiento nunca se logre–, pero entretanto la revista Science la ha divulgado a bombo y platillo, en una expresión más de esa tendencia sensacionalista que difumina las fronteras entre ciencia y especulación fantasiosa. Recuerdo que, hace algunos años, otra revista presuntamente científica nos informó que unos investigadores habían logrado teletransportar materia; pero todavía estamos esperando el día en que podamos desplazarnos al trabajo en un nanosegundo, evitando los atascos.
¿Quién no ha soñado en alguna ocasión con tornarse invisible? Enseguida nuestra imaginación calenturienta nos propone unas cuantas aplicaciones escabrosas o meramente lúdicas al invento: podríamos espiar los secretos de alcoba mejor custodiados, podríamos entrometernos en reuniones donde se discute el porvenir humano... o siquiera, más modestamente, en esas reuniones de amigos en las que sospechamos que se aprovecha nuestra ausencia para ponernos como chupa de dómine. También podríamos colarnos sin pagar en el cine, mangar en el supermercado sin temor a ser registrados por una cámara de seguridad, evitar encuentros indeseados, pasearnos desnudos entre la multitud... La aspiración de la invisibilidad aparece siempre asociada a nuestros pensamientos más turbios, o siquiera a una vocación gamberra o transgresora; también a un anhelo inconfesable de perdición: tarde o temprano, utilizaríamos la invisibilidad para delinquir, para conocer secretos que nos han sido vedados, para imponer nuestro dominio. Sobre esto ya reflexionaba Wells en su novela clásica, El hombre invisible.
Claro que, mientras aguardamos que estos científicos nos tornen invisibles, podemos seguir fingiendo que los demás lo son, sin necesidad de embadurnarlos de materiales diseñados por nanoingeniería. Una de las cosas que más me sorprendió cuando me vine de mi ciudad levítica a la gran capital es la habilidad desarrollada por la gente para mirar sin ver; habilidad que, en el tiempo transcurrido, se ha extendido también a provincias. Consiste en hacer como que la realidad circundante no nos inmuta; o, más exactamente, en hacer como que nada ocurre ante nuestros ojos. Hace algún tiempo, se divulgó con gran escándalo farisaico un vídeo en el que una muchacha era vapuleada en el metro por un orate mientras otro pasajero permanecía impertérrito; en realidad, aquel pasajero no se comportaba de modo distinto a como lo habríamos hecho la mayoría de nosotros, pero durante unas semanas se convirtió en el chivo expiatorio de un pecado colectivo. Las sociedades enfermas desarrollan mecanismos hipócritas de protección que les alivian la conciencia; y aquella especie de ordalía que se montó contra el pasajero pasivo, que no hizo sino poner a prueba una habilidad adquirida, fue una expresión altisonante de tales mecanismos. Pero existen otras menos paroxísticas, más –digámoslo así— sosegadas y benevolentes, con ese grado de sosiego y benevolencia que requiere el cinismo: una de las más cultivadas en nuestra época es la que podríamos llamar «caridad de lejanías», que a veces propicia auténticas orgías solidarias, consistente en apiadarse de las calamidades que suceden extramuros del atlas, allá donde siempre hay un tsunami o hambruna que estimule nuestra piedad profiláctica, mientras fingimos no enterarnos de la calamidad que aflige a nuestro prójimo más próximo, convertido por arte de birlibirloque en invisible.
Definitivamente, no hacen falta avances científicos para lograr la invisibilidad del mundo circundante. Basta con reprimir la piedad, o en dirigirla por elevación hacia la estratosfera; habilidad que nuestra época ha logrado sin patrocinios del Pentágono.
Publicado por Juan Manuel de Prada en XLSemanal (Nº 1087. Del 24 al 30 de agosto de 2008).
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